viernes , 28 agosto 2026

 

Lee el texto de esta semana: Mateo 27: 32-56

Cuando no te escuchan

¿Alguna vez has intentado tener una conversación realmente importante con alguien, solo para que esa persona terminara sin entender nada? Tal vez incluso tuviste varias conversaciones con esa persona, sin que hubiera señales de que entendiera lo que estabas diciendo. Jesús vivió esta situación cuando intentó prevenir a sus discípulos de que iba a ser terriblemente maltratado por los líderes religiosos, ejecutado como un criminal abominable y resucitado al tercer día (Marcos 8: 31-33; 9: 30-32). Sus predicciones, que no fueron bien recibidas por ellos, eran exactamente lo contrario de todo lo que esperaban. Después de dos conversaciones infructuosas, Jesús hizo un tercer intento para ayudarles a comprender lo que iba a suceder. Mientras caminaba hacia Jerusalén, explicó en los términos más claros posibles lo que estaba a punto de ocurrir: «Como ustedes ven, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros. Se burlarán de él, lo escupirán, lo golpearán y lo matarán; pero tres días después resucitará» (Marcos 10: 33, 34). ¡No pudo ser más claro! ¿Qué más podía decir?

Desafortunadamente, lo que sucedió a continuación revela que los discípulos aún seguían sin escuchar. Santiago y Juan se acercaron a Jesús con una petición urgente sobre el trono que esperaban que Jesús estableciera en Jerusalén: «Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Marcos 10: 37).

Jesús estaba desconsolado. Acababa de revelarles la terrible experiencia de su inminente crucifixión, y ellos estaban más preocupados por su grandeza terrenal. Jesús les respondió diciendo: «Ustedes no saben lo que piden» (Marcos 10: 38). Y efectivamente, no lo sabían.

Jesús entonces les preguntó a Santiago y Juan: «¿Pueden beber este trago amargo que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?» (Marcos 10: 38). Ellos respondieron que podían, demostrando lo poco que comprendían su propia debilidad y el sufrimiento extremo que Jesús estaba a punto de experimentar.

Cuando le pidieron estar junto a él, imaginaban que iban a ocupar los puestos más altos del gobierno cuando Jesús estableciera su trono. No sabían que estar junto a él significaría la crucifixión.

Más tarde, Santiago y Juan bebieron efectivamente de su copa, la copa del sufrimiento. De los doce discípulos, Santiago fue el primero en morir y Juan el último. Santiago fue asesinado por Herodes (Hechos 12: 1, 2) y Juan fue desterrado como prisionero a la escarpada isla de Patmos (Apocalipsis 1: 9). Según la tradición transmitida por el apologista cristiano Tertuliano, el emperador romano Domiciano condenó a muerte a Juan y lo hizo arrojar a una olla de aceite hirviendo. Milagrosamente, no murió y más tarde fue liberado de la prisión para vivir el resto de sus días en Éfeso.

La cruz jamás debió ser una sorpresa para los doce discípulos, pero cuando llegó, no estaban preparados en absoluto. Su historia nos recuerda lo fácil que es ignorar los mensajes que no se ajustan a nuestras ideas preconcebidas. El futuro puede estar escrito con toda claridad, pero aun así los acontecimientos pueden tomarnos por sorpresa, como si nunca nos hubieran advertido.

Los discípulos no estaban cerca de Jesús cuando lo llevaron atado y sangrando al Calvario. Este no era el camino que habían elegido. En ese momento, ningún discípulo suplicó estar a su derecha o a su izquierda.

Jesús había intentado preparar a los discípulos para presenciar la cruz, ¡y había llegado el momento! Todo condujo a este momento. Desnudaron a Jesús y lo clavaron a los maderos. Los soldados levantaron la cruz y la colocaron en su sitio. Echaron suertes sobre quién se quedaría con su túnica. Allí colgaba, con una corona de espinas, crucificado por ser exactamente quien decía ser: el Hijo de Dios, el Rey de los judíos.

Escribe Mateo 27: 38-44 de tu traducción preferida de la Biblia o escríbelo con tus propias palabras. ¿Cómo trató Jesús de preparar a sus discípulos para su partida?

Revisa el pasaje que has anotado.

  • Encierra en un círculo las palabras, frases o ideas que se repiten.
  • Subraya las palabras o frases que consideres importantes y significativas para ti.
  • Dibuja flechas para conectar palabras o frases con otras palabras o frases asociadas o relacionadas.
  • ¿Qué conceptos o ideas particulares subrayan todas estas marcas que has hecho en general?

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Lección Inverso 2026

3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 10 «EL REY EN LA CRUZ»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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