sábado , 22 agosto 2026
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Matinal de Jóvenes 2026

Gracias para los que yerran

 

«Les rogamos, hermanos, que amonesten a los ociosos, que alienten a los tímidos, que sostengan a los débiles, y que sean pacientes con todos».
1 Tesalonicenses 5:14

Alguien dijo una vez que la iglesia no es una galería de santos, sino un hospital para pecadores. Esta es una gran verdad. En esta comunidad de fe creada por Jesús mismo, no hay ni siquiera un solo justo, es decir, nadie está libre de pecado (Rom. 3:10). Solo Cristo, la cabeza de la iglesia, es «santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores» (Heb. 7:26).

Sin embargo, esta realidad no debe ser una excusa para vivir en la práctica del pecado. El hospital no existe para que los enfermos se queden como están, sino que ofrece el tratamiento necesario para que haya cura y restauración. El apóstol Juan escribió lo siguiente: «Hijitos míos, esto les escribo para que no pequen. Pero si alguno hubiere pecado, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo el Justo» (1 Juan 2:1).

Jesús es el remedio para los enfermos y el consuelo para los desanimados. ¡Es un especialista en transformar corazones! A la mujer adúltera le dijo: «Ni yo te condeno. Véte, y desde ahora no peques más» (Juan 8:11). Al paralítico de Capernaúm, le afirmó: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Mar. 2:5). Al hombre que había sido poseído por una legión de demonios, le dijo: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo, y cómo tuvo compasión de ti» (Mar. 5:19).

La iglesia necesita ser una extensión de Jesús. Como sus seguidores, debemos amar como él amó, servir como él sirvió y ayudar a los necesitados como él ayudó. Las personas en nuestra comunidad, ¿han visto a Jesús en nuestras palabras y acciones? ¿Cómo tratas a los menos favorecidos y a aquellos que han cometido pecados públicos?

Elena G. de White escribió lo siguiente: «Todos los que seguimos a Cristo debemos tratarnos unos a otros exactamente como deseamos que el Señor nos trate en nuestros errores y debilidades» (Testimonios para la iglesia, t. 3; p. 106).

Mi llamado para ti hoy es que trates a las personas de la misma forma en la que te gustaría ser tratado. Ama más y juzga menos. En lugar de compartir las noticias del error de los demás, ora por ellos. En este «hospital» de pecadores, necesitamos más abrazos de gracia que dedos de acusación.

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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