«No cambies de lugar los linderos antiguos que establecieron tus antepasados». Proverbios 22:28, NVI
Hace algunos años, tuve la oportunidad de visitar lugares turísticos que marcan importantes líneas de nuestro planeta: la línea del Ecuador, que cruza trece países y divide los hemisferios norte y sur, y el meridiano de Greenwich, que separa al mundo en dos hemisferios: occidental y oriental.
En la ocasión en la que estuve en Quito, en Ecuador, algunos guías turísticos intentaron convencerme de que un huevo de gallina puede quedar en posición vertical en la línea que separa los hemisferios. Confieso que traté de realizar esta hazaña, ¡pero no lo logré! Además, pude ver de primera mano el efecto Coriolis, es decir, cómo el agua gira en sentido distinto en ambos hemisferios del planeta.
Además de esas líneas imaginarias que marcan los hemisferios del planeta, existen otros límites importantes. Estos están relacionados con principios, reglas y verdades que no pueden ser cambiados. Los Diez Mandamientos, por ejemplo, son límites establecidos por Dios para delimitar lo correcto y lo incorrecto.
En el texto bíblico de hoy, Salomón nos orienta a no mover los «linderos antiguos». Desde la antigüedad, los linderos, o límites, eran considerados inviolables. Las tierras eran marcadas por pequeñas pilas de piedras o columnas grandes. Había cierta maldición para aquellos que las movieran de manera ilegal, con la finalidad de aumentar su propiedad y dejar al vecino con menos. Moisés escribió: «Maldito sea quien altere los límites de la propiedad de su prójimo» (Deut. 27:17, NVI).
¿Qué linderos o límites antiguos siguen en vigor? Permíteme mencionar solo uno, citado por Jesús: «¿No han leído que al principio el Creador «los hizo varón y mujer», y dijo: «Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne»?» (Mat. 19:4,5). La expresión «los dos serán una sola carne» hace referencia al acto sexual entre el hombre y la mujer dentro del contexto del matrimonio.
Déjame ser franco contigo. El matrimonio es una bendición siempre y cuando se realice dentro de los «linderos antiguos». Es una unión digna de honor (Heb. 13:4), de carácter monógamo, heterosexual y eterno, como mencionó Jesús. Lo que va más allá de eso no viene del Cielo. Mantenerse dentro de esta y de otras líneas establecidas por Dios siempre será lo mejor.
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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