martes , 14 julio 2026

 

 

A preparar un lugar

La última noche antes de su muerte, Jesús les hizo a sus discípulos una promesa que los mantendría fuertes y enfocados durante los tiempos difíciles que se avecinaban. No era solo una promesa; era la promesa, la promesa definitiva que ha sostenido al pueblo de Dios a lo largo de los siglos. Jesús se comprometió a llevarnos algún día a su hogar para morar con él para siempre. Dijo: «En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar» (Juan 14: 2, 3). La promesa de que Jesús volverá transforma la forma en que nos relacionamos con nuestras circunstancias actuales porque nos da esperanza. Esta promesa expresaba el anhelo del corazón de Cristo. Fue por su sincero deseo de llevarnos a casa con él que soportó el sufrimiento y la muerte. Con gran expectación y alegría, Jesús espera el día en que pueda llevarnos a nuestro hogar celestial para estar con él para siempre.

En las Escrituras, el concepto general de la Segunda Venida se describe a menudo con la metáfora del matrimonio. Jesús se refería a sí mismo como el Esposo (Mateo 9: 15) y a menudo recurría a estas imágenes para recalcar la relación de amor entre él y su pueblo. Jesús contó varias parábolas sobre bodas para ilustrar los acontecimientos de la Segunda Venida. Entre los ejemplos figuran la historia del banquete de bodas real (Mateo 22: 2) y la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25: 1). El Apocalipsis también se refiere al momento en que Cristo se unirá a su pueblo como «las bodas del Cordero» (Apocalipsis 19: 7-9).

Pensar en la Segunda Venida de Cristo como una boda, el feliz reencuentro de dos personas enamoradas, supone un cambio de paradigma significativo respecto a cómo muchos la han percibido tradicionalmente. El lenguaje del juicio y su inminencia ha llevado a menudo a la gente a temer el regreso de Cristo, pero Dios quiere que su pueblo espere con ilusión el reencuentro definitivo. Se supone que es una buena noticia. El pueblo de Dios se acerca a la Segunda Venida con alegría desenfrenada (Isaías 25: 8, 9), mientras que los malvados la enfrentan con un temor y un miedo abrumadores (Apocalipsis 6: 15-17). Ahora es el momento en que Dios nos invita a prepararnos cuidadosamente para su regreso y a tener la mentalidad apropiada cuando pensamos y hablamos de la Segunda Venida.

Al igual que una pareja comprometida que cuenta los días que faltan para su boda, el pueblo de Dios espera con gran alegría la Segunda Venida. Los que aprecian esta promesa no callan al respecto. Les encanta hablar de ella, cantar sobre ella y soñar con ella.

¿De qué manera el hecho de pensar en la Segunda Venida como una boda influye en tu visión del carácter de Dios?

3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 03 «COMIENZA LA CLASE»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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