viernes , 10 julio 2026
Matinal de Jóvenes 2026

La evástica y la Cruz

 

«El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios». 1 Corintios 1:18, NVI

La palabra «esvástica» proviene del idioma sánscrito y significa «buena suerte» o «bienestar». Es un símbolo místico en forma de cruz, cuyas extremidades tienen terminaciones acodadas o angulares. La cruz de dos ganchos entrelazados tiene más de cinco mil años de antigüedad y se puede encontrar en diversas culturas con varios estilos y significados. Entre los budistas y los hinduistas, representaba felicidad, buena suerte o salvación.

Esta misma cruz, con los brazos orientados hacia el lado derecho, fue adoptada como logotipo oficial por el Partido Nazi de Adolf Hitler. Este símbolo, que representaba meditación y contemplación, fue transformado en sinónimo de destrucción durante la Segunda Guerra Mundial.

¡Qué contraste entre la esvástica y la cruz de Jesús! Los primeros cristianos se gloriaban en la cruz de Cristo (Gál. 6:14) porque ella revelaba el «poder de Dios» (1 Cor. 1:18). Inventada por los romanos, la cruz era el instrumento más cruel de tortura en la antigüedad. Muchos crucificados quedaban colgados varios días y sufrían un dolor sobrehumano. Hemorragias, huesos rotos, asfixia y calambres formaban parte del repertorio horrendo de la crucifixión, además de la presencia de moscas, burlas y vergüenza extrema.

Los romanos reservaban la crucifixión para los rebeldes y los peores ladrones. Durante el asedio de Jerusalén, el general Tito crucificó a tantos fugitivos de la ciudad que no había espacio para las cruces ni cruces para los cuerpos. Los ciudadanos romanos, salvo en casos extremos de traición, estaban exentos de la crucifixión. Cicerón mencionó:

«Atar a un ciudadano romano es un crimen, azotarlo es una abominación, matarlo es casi un acto de asesinato. ¿Crucificarlo? No hay palabras que puedan describir un acto tan horrible».
(John Stott, La Cruz de Cristo, p. 18).

Al recibir este tipo de castigo, Jesús llegó al punto final de la condena. Él fue «hecho por nosotros maldición» (Gál. 3:13, RV60). Pero ¿por qué lo hizo? Porque nos ama. Prefirió morir antes que pasar la eternidad lejos de nosotros.

Mientras que Hitler manchó el significado de la esvástica, Jesús transformó el sentido de la cruz. Lo que era muerte se convirtió en símbolo de vida. Lo que era derrota, Jesús lo transformó en victoria.

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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