«Yerubaal; es decir, Gedeón— y todos sus hombres se levantaron de madrugada y acamparon en el manantial de Jarod»
Jueces 7: 1.
Durante siete años, los madianitas oprimieron a Israel, destruyendo sus plantaciones y robando sus rebaños. Los madianitas eran beduinos seminómadas descendientes de, Madián, hijo de Abraham con Cetura. No dejaban nada para comer en Israel (Jueces 6: 4), por eso los israelitas escondían el cereal en lugares seguros en las montañas. Llegaron a empobrecerse tanto que clamaron a Dios.
Gedeón, cuyo nombre significa «leñador/talador» o >>guerrero>> se encontraba un día trillando trigo a escondidas, reflexionando en la condición de Israel, cuando el Ángel del Señor se le apareció y le ordenó que fuera a salvar a su pueblo de los madianitas. En primera instancia, Gedeón se negó, porque se sentía muy pequeño y de una tribu irrelevante. Pero después pidió señales para estar seguro de que era Dios quien lo estaba llamando y de que iría con él. Sus pedidos fueron respondidos.
Lleno de valor, Gedeón reunió a los israelitas para atacar a sus enemigos. Tenía solo treinta y dos mil hombres, pero, para Dios, eran demasiados. Los soldados que tuvieran miedo debían regresar a sus casas. Dos tercios dejaron el ejército.
Llevados a la fuente de Harod, hubo una nueva selección.Los pocos que se llevaran agua a la boca con la mano para saciar su sed y bebieran mientras seguían caminando serián elegidos para la batalla. La mayoría sé arrodilló para beber cómodamente. Solo trescientos fueron elegidos porque tenían coraje, dominio, propio y fe. El resto volvieron a sus tasas.
Llevando cada soldado una trompeta y una antorcha dentro de un cántaro de barro, tarde en la noche, a la señal de Gedeón, los trescientos hicieron sonar sus instrumentos, quebraron sus cántaros y, con las antorchas encendidas, se lanzaron sobre el enemigo, gritando: «¡Por Jehová y Gedeón!». Los enemigos, pensando que estaban siendo atacados por una fuerza muy numerosa y poderosa, se mataron unos a otros. Perecieron ciento veinte mil.
Gedeón no ocupaba una posición importante en Israel, pero Dios vio en él coraje e integridad. Como juez de Israel, juzgó durante más de cuarenta años. Y tú, ¿has sido llamada a alguna misión? Entonces, confía en que Dios «puede obrar más eficazmente por medio de los que mejor comprenden su propia insuficiencia y quieran confiar en él como su jefe y la fuente de su poder. Los hará fuertes mediante la unión de su debilidad con su propio poder, y sabios al relacionar la ignorancia de ellos con su sabiduría» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 53, pág. 535).
¡Acepta la invitación de Dios y vive grandes experiencias a su lado!
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
