«El cual exclamó: «Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará «mujer» porque del hombre fue sacada.
Génesis 2:23.
La famosa pancarta de Rosie, la remachadora, con la frase «We can do it!» [¡Podemos hacerlo!] se creó en la Segunda Guerra Mundial. Era una estrategia de mercadotecnia del gobierno estadounidense para encontrar mujeres dispuestas a trabajar en fábricas mientras los hombres iban a la guerra. Hasta entonces, trabajar en fábricas había sido ciento por ciento masculino. La campaña también apeló a los esposos para que permitieran que ellas dejaran el hogar o sus empleos femeninos para realizar el trabajo manual que el gobierno necesitaba.
Con el fin de la guerra, se esperaba que las mujeres volvieran a cuidar a sus hijos y a sus esposos que regresaban del frente. Algunas así lo hicieron; otras, comenzaron a luchar por un espacio en el mercado laboral y por el derecho a sueldos mejores. Con el transcurso de los años, la imagen de Rosie se convirtió en un símbolo feminista de que las mujeres son tan fuertes y capaces como los hombres.
En junio de 2014, en Detroit, se llevó a cabo una conferencia masculina conocida como A nice for men [Una voz para los hombres]. Un hombre expuso lo siguiente: «Las conquistas femeninas han vuelto el mundo hostil para nosotros, los hombres. ¿Qué podemos hacer para protegernos del creciente liderazgo femenino?». La organizadora de la conferencia afirmó haber recibido amenazas de feministas y haber recaudado, en veinticuatro horas por internet, 25,000 dólares para la seguridad del evento.
La historia relata su versión de la lucha de géneros; la sociedad nos muestra modelos de hombres y mujeres ideales; pero es la Biblia la que presenta el modelo y la historia que nosotras debemos seguir. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, perfectos por fuera y también en los ideales, en los abordajes de uno para con el otro, en las relaciones interpersonales. Eran conscientes del elevado valor que ambos tenían para Dios. Ninguno era mejor que el otro. Sus funciones eran distintas, pero el motivo de esa diferencia era complementarse, no rivalizar. Con la entrada del pecado, ese equilibrio se perdió. Dejaron de verse como compañeros y comenzaron a verse como cómpetidores. Sin embargo, cuanto más nos acerquemos al modelo original, mayor será el equilibrio en nuestras relaciones matrimoniales.
Los hombres y las mujeres que temen a Dios están capacitados para amar y contribuir a una relación equilibrada con su conyuge. ¿Qué desafío enfrentas tú en tu relación matrimonial? ¿Quizá estás casada con un hombre no cristiano? ¿Tal vez tu esposo es cristiano pero no tiene un corazón transformado?
Pídele a Dios sabiduría para cumplir tu papel. Dios te honrará.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
