«En esto consiste la perseverancia de los creyentes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios
y se mantienen fieles a Jesús»
Apocalipsis 14: 12.
Después de que los israelitas hubieran acampado en el Sinaí, Dios llamó a Moisés para que subiera al monte. Cuando subió el empinado y pedregoso camino hasta la nube donde estaba Dios, recibió orientaciones para preparar al pueblo para recibir las leyes que lo transformarían en una nación bajo el gobierno de Dios. Moisés volvió al campamento, le transmitió el mensaje al pueblo y regresó a la montaña.
El pueblo debía comprender que las cosas relacionadas con el servicio a Dios debían ser consideradas con la mayor reverencia. Un solemne ritual de preparación, que incluía humillación, ayuno y oración, precedía a aquel día. El pueblo y sus vestidos: todo debía estar libre de impurezas.
Un obstáculo fue puesto alrededor del monte: tocarlo significaría la muerte instantánea.
Por, la mañana, el monte fue cubierto por una nube oscura y se oyó un sonido que llamaba al pueblo a encontrarse con Dios. Moisés los guio al pie de la montaña. De la nube refulgían relámpagos y truenos. El. pueblo cayó postrado ante el Señor. Entonces, se hizo silencio. La voz de Dios fue oída y su Ley proclamada.
La Ley fue proferida solo a los hebreos. Dios los honró, tornándolos guardianes de su Ley, pero esta debía ser sagrada para todo el mundo.
Hoy, la obediencia a los Diez Mandamientos divide a la cristiandad, Refiriéndose al día de descanso, se argumenta que la iglesia tiene autoridad para cambiar los Mandamientos, que el domingo conmemora resurrección de Jesús, que el sábado fue dado solo a los judíos y que Cristo abolió la Ley.
Si un mandamiento fue omitido, ¿no seríamos libres para desobedecer también todos los demás?
El sábado, dado en el Edén para todos y repetido en el Sinaí, sigue vigente. En él, el mismo Dios descansó, bendiciéndolo y santificándolo. Jesús lo guardó cuando estuvo en la tierra. Pablo, Pedro y los demás apóstoles lo guardaron, y siguieron guardándolo después de la muerte de Jesús.
Es equivocado decir que Dios abolió la Ley. Santiago, previendo esto, dijo que Jesús no vino a abolir, sino a cumplir, a dar ejemplo.
Nuestro amor a Dios se expresa por medio de la obediencia; no por mérito, sino como respuesta de gratitud por la salvación. El versículo de hoy habla de la recompensa de los que guardan los Mandamientos y se mantienen fieles a Jesús. Obedezcamos, pues somos salvas por gracia.
Y recuerda, seremos juzgadas por la respuesta que damos a esa gracia.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
