«No se angustien. Confíen en Dios y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho yo a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté»
Juan 14:1-3.
Después de treinta y cinco días internado, siendo sometido a cirugías, medicamentos, rehabilitaciones y mucha espera, finalmente mi padre volvía a casa, donde seguiría con los tratamientos y la rehabilitación.
Mientras yo verificaba los procedimientos del alta hospitalaria, mi corazón vibraba de felicidad. Mi padre, visiblemente eufórico, al lado de su fiel compañera, reía, cantaba y contaba historias.
¿Qué podría haber mejor que estar rodeada de tu familia en un lugar con árboles, un jardín, una huerta y,unos cuantos animales? Pero, por muy buena que sea esa casa, por más linda y cómoda que estemos en ella como familia, no es la definitiva. Este mundo nos limita a una vida de buenos momentos, pero también de ansiedades, pérdidas, dolores, aflicciones, envejecimiento y muerte.
A lo largo de estos miles de años de pecado, Satanás ha hecho creer a muchos que siempre ha sido así. ¡Pero no fue siempre así! Y no siempre será así. Sería muy decepcionante pensar que Dios nos creó para que llevemos la vida que vivimos aquí y ahora, y nada más. ¡No! Cuando Dios nos hizo a su imagen y semejanza, el mundo era mucho mejor, sin enfermedades, muerte, dolor ni sufrimiento, y así volverá a ser.
El versículo de hoy nos recuerda la gran y preciosa promesa que nos dejó el Salvador «En la conversación de despedida con sus discípulos la noche antes de la crucifixión, el Salvador no se refirió a los sufrimientos que había soportado y que debía soportar todavía. No habló de la humillación que lo aguardaba, sino que trató de llamar su atención a aquello que fortalecería la fe de ellos, induciéndolos a mirar hacia adelante a los goces que aguardan al vencedor». (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, cap. 2, pág. 19).
¿Anhelas regresar a tu verdadero hogar? ¡Que las benditas promesas «voy a prepararles un lugar» y «vendré para llevármelos conmigo» jamás pierdan su relevancia en tu corazón!
¡Que tus ojos se mantengan fijos en esa «casa definitiva» que no tendrá la mancha del pecado, y donde la herrumbre y la polilla no corroen. Allí habrá paz y eterna felicidad.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
