La fe versus el sentimiento
Algunas personas pueden pensar que no tienen fe porque no se sienten cerca de Dios o porque no son el tipo de cristianos que creen que deberían ser. Sin embargo, la fe consiste en creer y confiar en Dios, no solo en los buenos momentos, sino también en la oscuridad o en la tormenta, o incluso cuando no se puede comprender del todo lo que está sucediendo en la vida.
Los sentimientos nunca deben dominar nuestra experiencia religiosa ni nuestra relación con Dios. Es precisamente cuando pensamos que estamos lejos de Dios que necesitamos ejercer nuestra fe e invocarlo, como hizo el padre en Marcos 9: 24. Elena G. de White escribió: «Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo esperan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. […] A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios nos son dados por Dios» (Primeros escritos, cap. 17, p. 103).
La fe no depende de un acontecimiento emocionante o de una emoción intensa. La fe se basa en la Palabra de Dios (ver Romanos 10: 17). Creer es una decisión deliberada que se toma en la mente, y que a veces es contraria al sentimiento.
La fe no es algo material; es una respuesta humana impulsada por el Espíritu Santo. Dios es el iniciador misericordioso que, a través del Espíritu Santo, nos atrae hacia él cuando le permitimos que lo haga (ver Jeremías 31: 3). Somos salvos por gracia, mediante la fe, que es una respuesta a la gracia de Dios que nos ha sido dada a través de la muerte de Jesús. Somos salvos porque creemos en Dios como resultado de su gracia. Esto es lo fundamental para tener una relación con él.
Cuando tenemos dudas sobre Dios, sobre su carácter o su Palabra, ¿qué hacemos con ellas? Dios no ignora ni pasa por alto la razón humana, pues nos creó a su imagen y nos invita a dialogar con él como dialogó con Abraham, Moisés y Job. Dios nos invita a aprender a trabajar dentro de sus grandes e infinitos patrones de razón, incluso si en algún momento debemos rendirnos a lo que no comprendemos del todo. Aunque el Espíritu Santo nos impulsa a creer, el enemigo de las almas quiere que nos entreguemos a la duda y descartemos la participación de Dios en nuestra vida. En última instancia, elegimos nutrir la creencia o la incredulidad y, por lo tanto, determinamos la dirección que tomaremos.
Nadie tiene dudas ni sentimientos tan grandes que Dios no sea capaz de aumentarle la fe. Él da a cada persona una medida de fe (ver Romanos 12: 3) con la maravillosa posibilidad de que aumente. Lo que hacemos con la fe que Dios nos da es decisión nuestra.
Piensa en todas las razones lógicas que tienes para tener fe. Al mismo tiempo, ¿en qué momento se detiene la lógica y es necesario ejercer la fe, una fe sólida y razonable?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 08 «TENER FE»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
