«¿Qué haces aquí, Elías?»
1 Reyes 19: 9.
En esa dura prueba, ¡Dios no había abandonado a Elías! Él lo amaba y lo cuidaba como siempre lo había hecho. El corazón divino estaba lleno de compasión por su siervo fiel y asustado que corría por el desierto, se escondía y se adormecía por el cansancio.
Dios envió a un ángel que tocó suavemente a Elías y lo despertó. Pero el profeta estaba tan asustado que, en un sobresalto, imaginó que su enemigo lo había entontrado, y estaba listo para huir huevamente.
¡Cuánto nos engaña nuestra imaginación! ¡Cuántas veces sobreestimamos nuestros problemas y subestimamos el poder divino! Elías percibió que quien estaba a su lado no erá un enemigo. El ángel mostró el alimento en su cabecera un pan cocido sobre las brasas y un jarro de agua.
Después de comer, Elías se volvió a dormir. Por segunda vez, el ángel lo despertó y le ofreció más alimento. Tendría un largo camino que recorrer. Ahora, bien nutrido y despierto, Elías emprendió el camino de cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, donde encontró refugio en una cueva.
Dios lo encontró, y le preguntó qué hacía allí. Después le recordó sus intervenciones milagrosas. Elías se quejó. Había sido celoso y fiel contra el paganismo, y ¡ahora la malvada Jezabel quería matarlo!
Dios le mostró al profeta que la elocuencia, la lógica y las demostraciones estruendosas de la verdad no eran, necesariamente, las maneras más convincentes para convertir a las personas perdidas. Solo la obra silenciosa del Espíritu Santo puede lograr la conversión de un alma.
Elías dejó de reclamar y comprendió que, antes de completar su obra, debía aprender a confiar enteramente en Dios. Entonces, volvería a Israel y séguiría su trabajo.
¿Estás angustiada por los problemas de la vida? En esos momentos Satanás intenta recordarnos nuestros errores y hace que desconfiemos de Dios y dudemos de su amor, para apartarnos de él. Dios te pregunta: «¿Qué haces aquí desanimada en un rincón? Yo te di una tarea. Muchas personas necesitan conocerme. ¿Quién te ordenó que te escondieras aquí?». Y él nos muestra su ayuda.
«Si nuestra visión espiritual pudiera despertarse, veríamos almas agobiadas por la opresión y cargadas de pesar, como un carro de gavillas, a punto de morir desalentadas. Veríamos ángeles volar prestamente en ayuda de estos seres tentados, para rechazar las huestes del mal que los rodean y colocar sus pies sobre el fundamento seguro» (Elena G. de White, Profetas y Reyes, pág. 117).
¡Confía en la dirección de Dios y prosigue sin miedo!
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
