«Así destruyó a esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con todo el valle y la vegetación del suelo»
Génesis 19:25.
Dios indicó a Abraham que saliera de Ur para establecerse en Canaán e iniciar un pueblo apartado al que pudiera usar para dar testimonio de sí al mundo. Lot, el sobrino del patriarca, fue con él.
Debido a las continuas discusiones entre los pastores de los numerosos rebaños de ambos Abraham le permitió a Lot elegir primero en qué región deseaba establecerse, para ir cada uno a un territorio diferente y poner así fin a las discusiones. Lot fue hacia el este, estableciéndose con su gente y sus rebaños en el valle del Jordán, al sur del mar Muerto, en una planicie muy fértil. Cerca de allí estaba Sodoma.
Sodoma era la más bella ciudad del valle y estaba situada en una hermosa planicie. Ricas plantaciones, numeroso ganado, inversiones en arte y comercio eran el orgullo de esa ciudad. Sus palacios estaban adornados con tesoros del Oriente traídos por las caravanas del desierto. En medio de tanta abundancia, la gente de Sodoma vivía sin preocupaciones, celebrando banquetes, tomando alcohol sin tasa y participando en orgías. Desperdiciaban el tiempo en futilidades.
Tal estilo de vida ociosa abrió las puertas a Satanás, que transformó a los habitantes de Sodoma en personas violentas y desafiantes de Dios y su ley. Aun cuando conocían la historia del mundo antediluviano y sabían de la ira que Dios había manifestado, seguían por el mismo camino. Hasta ese día en que todo cambió.
Amaneció como cualquier otro día: el sol brillaba y las actividades rutinarias de negocios y placeres se llevaban a cabo con normalidad. Lot, en vano, había advertido a su familia, pero sus yernos se burlaban de sus avisos. De repente, se oyó un terrible trueno en un cielo sin nubes. Fuego y azufre empezaron a caer del cielo sobre la ciudad y la fértil planicie; sobre palacios y templos paganos; sobre hermosas casas, jardines y viñedos; sobre las multitudes desocupadas; y sobre los que, la noche anterior, habían deshonrado a los ángeles del cielo. Todos desaparecieron. Tan solo una nube de humo subía sobre el otro bello valle de Sidim, dando testimonio de la justicia y el juicio divinos.
Dios soporta largamente al pecador, pero hay un límite más allá del cual no podemos avanzar en el pecado, porque la oferta de gracia y misericordia es retirada y el juicio divino se manifiesta.
Escucha hoy la invitación del Señor a buscar una vida pura, semejante a la de Cristo. Ni un minuto lejos de sus caminos vale la pena. lnsistir en el pecado puede salir demasiado caro.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
