«¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así!»
Proverbios 29:20.
Cuando nació, Helen era un bebé perfecto. Sin embargo, a los diecinueve meses sufrió una grave enfermedad que la dejó ciega y sorda para siempre.
Perdida en su pequeño mundo oscuro y silencioso, Helen comenzó a actuar como un animalito asustado. Si no obtenía lo que quería, se tiraba al piso y hacía berrinches, abofeteaba a las personas, mordía, se golpeaba la cabeza contra los muebles y gritaba hasta que su rostro quedaba empapado con su saliva y sus lágrimas. Se enfurecía por cualquier cosa y atacaba a quien estuviera cerca.
Anne Sullivan, una joven con discapacidad visual, consiguió mejorar su capacidad de visión gracias a una cirugía. A partir de entonces, decidió dedicar su vida a enseñar a discapacitados visuales. Helen tenía siete años cuando Anne fue a vivir con ella y su familia. Anne percibió que la niña estaba robusta y saludable, pero que era descontrolada, así que comenzó a enseñarle autodisciplina. Helen no podía hacer lo que le pareciera cuando quería algo. Con firmeza, Anne no daba las cosas cuando reaccionaba pellizcándola o cuando se tiraba al piso. Algunas-veces incluso tuvo que alejar a Helen de sus padres para que estos no estorbaran en el proceso de educarla en la autodisciplina.
Pormedio de la autodisciplina, Helen aprendió rápidamente el alfabeto braille. Usando los dedos para sentir las distintas vibraciones de los sonidos en la garganta de Anne, la imitaba hasta conseguir articular los sonidos correctamente. Aprendió a leer, a escribir y a hablar, y la lectura de la Biblia fue una de sus grandes inspiraciones. Posteriormente, recibió premios y condecoracione, títulos y diplomas honorarios en diversos países. Llegó a ser escritora y poeta. Luchó por los ciegos, presentándose ante autoridades gubernamentales, participando en conferencias, escribiendo artículos y, sobre todo, dando ejemplo de lo que una persona ciega puede alcanzar por medio de la autodisciplina. Helen Keller falleció en 1968 con casi ochenta y ocho años.
El versículo bíblico de hoy nos habla de la falta de autodisciplina en el hablar. Muchas mujeres talentosas dejan de alcanzar grandes logros por ser precipitadas con sus palabras. La autodisciplina incluye la capacidad de no dejarse controlar por la irritabilidad del momento, y poder ejercer dominio propio.
Mantengamos nuestras palabras, acciones y todo nuestro potencial bajo la norma divina, así estaremos más capacitadas para realizar grandes cosas para Dios y para nuestros semejantes.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
