domingo , 31 mayo 2026
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Notas de Ellen G. White 2026

Perseguidos, pero no desamparados

 

El Pablo apóstol sentía una profunda responsabilidad por los que se convertían por sus trabajos. Por encima de todas las cosas, anhelaba que fueran fieles, “para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo —decía—, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano”. Filipenses 2:6 . Temblaba por el resultado de su ministerio. Sentía que hasta su propia salvación podría estar en peligro si no cumpliera su deber y la iglesia no cooperase con él en la obra de salvar almas. Sabía que la sola predicación no bastaba para enseñar a los creyentes a proclamar la palabra de vida. Sabía que línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allí, debían ser enseñados a progresar en la obra de Cristo.

Es un principio universal que cuando quiera que uno se niegue a usar las facultades que Dios le da, estas decaen y mueren. La verdad que no se vive, que no se imparte, pierde su poder vivificante, su virtud sanadora. De aquí el temor del apóstol Pablo de que no presentese a todo hombre perfecto en Cristo. La esperanza de Pablo de entrar en el cielo se oscurecía cuando contemplaba cualquier fracaso suyo que diera a la iglesia el molde humano en lugar del divino. Su conocimiento, su elocuencia, sus milagros, su visión de las escenas eternas obtenidas en el tercer cielo, todo sería inútil si por la infidelidad en su obra aquellos por quienes trabajaron cayeran de la gracia de Dios. Y así, de viva voz y por carta, rogaba a aquellos que habían aceptado a Cristo que siguiesen una conducta que los habilitara para ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa… como luminares en el mundo; reteniendo la palabra de vida”. Filipenses 2:15, 16 .

Todo verdadero ministro siente una pesada responsabilidad por el progreso espiritual de los creyentes confiados a su cuidado, un anhelante deseo de que sean colaboradores de Dios. Comprende que del fiel cumplimiento del trabajo que Dios le da depende en gran medida el bienestar de la iglesia. Trata ardiente e incansablemente de inspirar en los creyentes el deseo de ganar almas para Cristo, recordando que todo el que se añade a la iglesia debería ser un agente más para el cumplimiento del plan de la redención (Los hechos de los apóstoles, pp. 168, 169).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
1er. Trimestre 2026 «UNIENDO EL CIELO Y LA TIERRA»
Lección 1: «PERSEGUIDOS, PERO NO DESAMPARADOS»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González

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