lunes , 1 junio 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Límites definidos

 

Cristo fue el fundamento de todo el sistema judío. La muerte de Abel fue una consecuencia de no haber aceptado Caín el plan de Dios en la escuela de la obediencia para ser salvado por la sangre de Jesucristo, simbolizada por las ofrendas de sacrificio que señalaban a Cristo. Caín rehusó la efusión de sangre que simbolizaba la sangre de Cristo que había de ser derramada por el mundo. Toda esta ceremonia fue preparada por Dios, y Cristo vino a ser el fundamento de todo el sistema. Este es el comienzo de la obra de la ley como el ayo que lleva a los instrumentos humanos pecaminosos a considerar a Cristo como el fundamento de todo el sistema judío.

Todos los que servían en relación con el Santuario eran educados constantemente acerca de la intervención de Cristo a favor de la raza humana. Ese servicio tenía el propósito de crear en cada corazón amor por la ley de Dios, que es la ley del reino divino. Las ofrendas de sacrificios habían de ser una lección objetiva del amor de Dios revelado en Cristo: en la víctima doliente, moribunda, que tomó sobre sí el pecado del cual era culpable el hombre, haciéndose pecado el Inocente por nosotros.

En la contemplación de este gran tema de la salvación, vemos la obra de Cristo. No solo el don prometido del Espíritu sino también la naturaleza y el carácter de ese sacrificio y de esa mediación son temas que deben crear en nuestro corazón ideas elevadas, sagradas y sublimes de la ley de Dios, que sigue en vigencia para todos los seres humanos. La violación de esa ley en el pequeño acto de comer del fruto prohibido trajo sobre el hombre y sobre la tierra la consecuencia de la desobediencia a la santa ley de Dios. La naturaleza de la mediación siempre debe hacer al hombre temeroso de incurrir en el más pequeño acto de desobediencia a los requisitos de Dios.

Debe haber una clara comprensión de lo que significa el pecado y debemos evitar la más pequeña aproximación que nos induzca a cruzar las fronteras entre la obediencia y la desobediencia.

Dios quiere que cada miembro de su creación entienda la gran obra del infinito Hijo de Dios al dar su vida por la salvación del mundo. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”. 1 Juan 3:1 (Mensajes selectos, t. 1, págs. 274, 275).

La paciencia de Dios ha concluido. El mundo ha rechazado su misericordia, despreciado su amor y pisoteado su ley. Los malos han concluido su tiempo de prueba; el Espíritu de Dios, al que se opusieran obstinadamente, acabó por apartarse de ellos. Desamparados ya de la gracia divina, están a merced de Satanás, el cual sumirá entonces a los habitantes de la tierra en una gran tribulación final… El pueblo de Dios se verá entonces sumido en las escenas de noviembre de aflicción y angustia descritas por el profeta y llamadas el tiempo de la apretura de Jacob (The Faith I Live By, p. 339; parcialmente en La fe por la cual vivo, 29 de la gracia divina, p. 341).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 12: «¡DIOS ES FIEL!»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González

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