En la toma de Jericó, el poderoso General de los ejércitos planeó la batalla con tanta sencillez que ningún ser humano pudo atribuirse la gloria. Ninguna mano humana debía derribar los muros de la ciudad, no fuera que el hombre se atribuyera la gloria de la victoria. También hoy, ningún ser humano debe atribuirse la gloria del trabajo que lleve a cabo. Solo el Señor debe ser magnificado. ¡Oh, si los hombres comprendieran la necesidad de buscar a Dios para recibir instrucciones!
El Señor guio a sus ejércitos hacia la ciudad condenada; ninguna mano humana se alzó contra ella; las huestes del cielo derribaron sus muros para que solo el nombre de Dios pudiera tener la gloria. Era aquella la ciudad orgullosa cuyos poderosos baluartes habían aterrorizado a los espías incrédulos. Ahora con la captura de Jericó, Dios mostró a los hebreos que si hubieran confiado en él, sus padres podrían haber poseído la ciudad cuarenta años antes.
La debilidad de los hombres encontrará fuerza y ayuda sobrenaturales en cada conflicto severo para realizar las hazañas de la Omnipotencia, y la perseverancia en la fe y la perfecta confianza en Dios asegurarán el éxito. Mientras la antigua confederación del mal está organizada contra ellos, él les manda que sean valientes y fuertes y que luchen valerosamente porque tienen un cielo que ganar, y tienen en sus filas a Alguien que es más que un ángel, el poderoso General de los ejércitos que conduce los ejércitos del cielo. En ocasión de la toma de Jericó, ninguno de los ejércitos de Israel pudo alabarse de haber usado su fuerza finita para derribar los muros de la ciudad, sino que el Príncipe del ejército de Jehová planeó esa batalla con la mayor sencillez, para que el Señor solo recibiera la gloria y el hombre no se exaltara a sí mismo. Dios nos ha prometido todo poder; porque la promesa es para vosotros y vuestros hijos, y para todos los que están muy distantes, tantos como el Señor llame.
Debe haber una fe y una confianza continuas en el Capitán de nuestra salvación. Debemos obedecer sus órdenes. Las paredes de Jericó cayeron como resultado de obedecer órdenes (Conflicto y valor, 22 de abril, p. 118).
La suerte de Balaam se asemejó a la de Judas, y los caracteres de ambos son muy parecidos. Trataron de reunir el servicio de Dios y el de Mammón, y fracasaron completamente. Balaam reconocía al verdadero Dios y profesaba servirle; Judas creía en Cristo como el Mesías y se unió a sus discípulos. Pero Balaam esperaba usar el servicio de Jehová como escalera para alcanzar riquezas y honores mundanos; al fracasar en esto, tropezó, cayó y se perdió. Judas esperaba que su unión con Cristo le asegurase riquezas y elevación en aquel reino terrestre que, según creía, el Mesías estaba por establecer. El fracaso de sus esperanzas le empujó a la apostasía y a la perdición. Tanto Balaam como Judas recibieron mucha iluminación espiritual y ambos gozaron de grandes prerrogativas; pero un solo pecado que ellos abrigaban en su corazón, envenenó todo su carácter y causó su destrucción…
Un solo pecado que se conserve irá depravando el carácter, y sujetará al mal deseo todas sus facultades más nobles. La eliminación de una sola salvaguardia de la conciencia, la gratificación de un solo hábito pernicioso, una sola negligencia con respecto a los altos requerimientos del deber, quebrantan las defensas del alma y abren el camino a Satanás para que entre y nos extravíe. El único procedimiento seguro consiste en elevar diariamente con corazón sincero la oración que ofrecía David: “Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis pies no resbalen”. Salmo 17:5 (Conflicto y valor, p. 114).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 5: «DIOS PELEA POR USTEDES»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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