martes , 22 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2025

La idolatría y el mal

 

Durante este período de espera, tuvieron tiempo para meditar acerca de la ley de Dios que habían oído, y preparar sus corazones para recibir las futuras revelaciones que Moisés pudiera hacerles. Pero no dedicaron mucho tiempo a esta obra. Si se hubieran consagrado a buscar un entendimiento más claro de los requerimientos de Dios, y hubieran humillado sus corazones ante él, habrían sido escudados contra la tentación. Pero no obraron así y pronto se volvieron descuidados, desatentos y licenciosos. Esto ocurrió especialmente entre la “multitud mixta” (V.M.) Sentían impaciencia por seguir hacia la tierra prometida, que fluía leche y miel. Les había sido prometida a condición de que obedecieran; pero habían perdido de vista ese requisito. Algunos sugirieron el regreso a Egipto; pero ya fuera para seguir hacia Canaán o para volver a Egipto, la masa del pueblo resolvió no esperar más a Moisés.

Sintiéndose desamparados debido a la ausencia de su jefe, volvieron a sus antiguas supersticiones. La “multitud mixta” fue la primera en entregarse a la murmuración y la impaciencia, y de su seno salieron los cabecillas de la apostasía que siguió. Entre los objetos considerados por los egipcios como símbolos de la divinidad estaba el buey, o becerro; y por indicación de los que habían practicado esta forma de idolatría en Egipto, hicieron un becerro y lo adoraron. El pueblo deseaba alguna imagen que representara a Dios, y que ocupara ante ellos el lugar de Moisés.

Dios no había revelado ninguna semejanza de sí mismo, y había prohibido toda representación material que se propusiera hacerlo. Los extraordinarios milagros hechos en Egipto y en el mar Rojo tenían por fin establecer la fe en Jehová como el invisible y todopoderoso Ayudador de Israel, como el único Dios verdadero. Y el deseo de alguna manifestación visible de su presencia había sido atendido con la columna de nube y fuego que había guiado al pueblo, y con la revelación de su gloria sobre el monte Sinaí. Pero estando la nube de la presencia divina todavía ante ellos, volvieron sus corazones hacia la idolatría de Egipto, y representaron la gloria del Dios invisible por “la imagen de un buey” (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 325, 326).

Tan solo unos días antes, la presencia del Señor se había manifestado con tal poder que estaban terriblemente asustados y pedían que Moisés escuchara las palabras de Dios y luego les hablara de lo mismo. Pero ahora querían algo visible en lo que pudieran confiar.

Podrían haber aprovechado ese momento para aprender lecciones preciosas que el Señor estaba dispuesto a darles si hubieran confiado plenamente en él. Pero el resultado de sus murmuraciones e incredulidad fue que Aarón les hizo un becerro de oro para representar a Dios. Proclamó que este ídolo era Dios, y se creó un gran entusiasmo por este falso dios. Si en vez de hacer esto, les hubiera recordado la maravillosa liberación que Dios había obrado en su favor, y todas las mentes se hubieran sentido impulsadas a expresar gratitud a Dios por todas sus ricas misericordias al liberar a su pueblo de la esclavitud egipcia, se habrían colocado en terreno ventajoso para glorificar al Señor Dios que había obrado tan maravillosa liberación de la degradación y la esclavitud (The Review and Herald, 6 de septiembre, 1906, párr 12, 13).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 11: «APOSTASÌA E INTERCESIÒN»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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