viernes , 2 octubre 2026
Notas de Ellen G. White 2025

El plan original de Dios

 

Ahora bien, mientras señalamos al pecador a Jesucristo como el que quita el pecado, debemos explicarle lo que es el pecado y mostrarle la necesidad de ser salvo de sus pecados, no en su pecado. Hay que hacerle sentir que debe dejar de transgredir la ley de Dios, que es dejar de pecar. Pablo hace la pregunta muchos años después de la muerte de Cristo: “¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”. Pablo exalta así la ley moral. Cuando esta ley se practica en la vida cotidiana, se descubre que es la sabiduría de Dios. Sirve para detectar el pecado. Descubre los defectos del carácter moral, y a la luz de la ley el pecado se vuelve excesivamente pecaminoso, revelando su verdadero carácter en toda su repugnancia.

La ley de Dios dada en el Sinaí es una copia de la mente y la voluntad del Dios infinito. Los santos ángeles la reverencian como sagrada. Sus requisitos perfeccionarán el carácter cristiano y restaurarán al hombre, mediante Cristo, a la condición en que se encontraba antes de la caída.

Los pecados prohibidos por la ley, nunca podrán encontrar lugar en el cielo. Fue el amor de Dios al hombre lo que lo indujo a expresar su voluntad en los diez preceptos del Decálogo. Y cuando, a causa del pecado, se oscureció el entendimiento del hombre, Dios descendió sobre el monte Sinaí, pronunció su ley con voz audible y la escribió en tablas de piedra. Después manifestó su amor al hombre enviando profetas y maestros para que declarasen su ley.

Dios le ha dado al hombre en su ley una regla completa para la vida. Si obedece, vivirá por ello, mediante los méritos de Cristo. Si la transgrede, tiene poder para condenar. La ley envía a los hombres a Cristo, y Cristo les señala la ley (The Review and Herald, 27 de septiembre, 1881, párr. 16-19; parcialmente en Nuestra elevada vocación, p. 140).

Los cananeos habían colmado la medida de su iniquidad, y el Señor ya no podía tolerarlos. Ahora que les había retirado su protección, iban a resultar una presa fácil. El pacto de Dios había prometido la tierra a Israel. Pero el falso informe de los espías infieles fue aceptado, y todo el pueblo fue engañado por él. Los traidores habían realizado su obra. Aun cuando solo dos hombres hubiesen dado malas noticias y los otros diez lo hubiesen animado a poseer la tierra en el nombre del Señor, el pueblo, por su perversa incredulidad, habría seguido el consejo de los dos en preferencia al de los diez. Pero eran solo dos los que abogaban por lo justo, mientras que diez estaban de parte de la rebelión (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 410, 411).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 9: «CÒMO VIVIR LA LEY»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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