Miren al Cordero
La muerte de los primogénitos afectó tanto a los hebreos como a los egipcios que no estaban cubiertos por la sangre del sacrificio pascual. Fue devastadora para aquellos que no habían creído en la palabra de Dios y seguido sus instrucciones. Sus muertes presagiaban lo que Dios mismo soportaría. Dios había proporcionado a Abraham un sacrificio en lugar de su hijo Isaac (Génesis 22: 13), y en la noche de la décima plaga, Dios instruyó al pueblo para que ofreciera un sacrificio a fin de salvar la vida de sus hijos.
Todo esto sucedió para destacar la extraordinaria promesa de Dios respecto al sacrificio futuro de su Hijo primogénito para salvar a toda la humanidad y llevarla a la tierra prometida celestial. El Evangelio de Juan nos dice que Jesús fue colgado en la cruz el viernes. Este es el día de preparación para el sábado, pero también era la Pascua, el primer día de la fiesta de los Panes sin levadura (Juan 18: 28). Así pues, cuando Jesús murió como el «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1: 29), murió como el Cordero pascual (1 Corintios 5: 7). Marcos relata que Jesús murió hacia la hora novena (Marcos 15: 33-37), lo que sitúa su muerte justo en el momento en que los sacerdotes sacrificarían sus corderos mientras el pueblo se preparaba para la celebración de la Pascua. Jesús es nuestro Cordero pascual.
Juan no solo especifica el momento de la muerte de Cristo, sino que también introduce otro motivo pascual. Como se describe en las instrucciones de la Pascua, los hebreos debían aplicar la sangre de sus corderos sacrificados en todos los marcos de las puertas de sus casas. Moisés había especificado que utilizaran un «manojo de ramas de hisopo» para aplicar la sangre (Éxodo 12: 22). La planta de hisopo aparece de nuevo en el relato de Juan sobre la crucifixión de Cristo; se utilizó para dar a Jesús su última bebida. Cuando Jesús se dio cuenta de que se acercaba el final, gritó que tenía sed. Juan dice que los soldados dieron de beber a Jesús «vino agrio», llevado a sus labios «en una rama de hisopo» (Juan 19: 29). Si bien Jesús rechazó el vino que le ofrecieron horas antes, cuando lo pusieron en la cruz (Mateo 27: 34), bebió el vino agrio que le llevaron en una rama de hisopo. Jesús sufrió lo mismo que el pueblo de Egipto: la ira de Dios contra los que rechazan su oferta de salvación.
Jesús es nuestro Cordero pascual. Él bebió el vino de la ira de Dios para que nosotros no tuviéramos que beberlo. Vino a mostrarnos a qué conduce la rebelión contra Dios. Los judíos, el mismo pueblo que Dios había salvado de la esclavitud egipcia, lo despreciaron tanto que lo enviaron a una muerte cruel. Aquí, Dios utilizó el momento más bajo de la humanidad como una oportunidad para mostrar su amor incomparable.
Medita nuevamente en Éxodo 11–13 y busca a Jesús en el pasaje.
¿Cómo afectaría a tu forma de vivir si supieras que tu propósito es morir?
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
¿Para meditar y orar: ¿cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 07 «SÁCAME DE AQUÍ»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
