jueves , 30 abril 2026
Notas de Ellen G. White 2025

La Pascua

 

He aquí una obra requerida de los hijos de Israel, que debían realizar de su parte, a fin de probarlos y demostrar su fe mediante sus obras en la gran liberación que Dios había estado efectuando para ellos. Para escapar del gran juicio de Dios que iba a traer sobre los egipcios, la señal de la sangre debía verse sobre sus casas. Se les ordeno que se separaran de los egipcios, junto con sus hijos, y que se reunieran en sus propias casas, porque si alguno de los israelitas fuese encontrado en las casas de los egipcios, caería bajo la mano del ángel destructor. También se les ordenó que celebraran la fiesta de la Pascua como una ordenanza, para que cuando sus hijos preguntaran qué significaba tal servicio les relataran su maravillosa preservación en Egipto, cuando el ángel destructor salió por la noche para matar a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales, pasó por encima de sus casas y no murió ni uno solo de los hebreos que tuviera la señal de la sangre en los postes de sus puertas. Y el pueblo inclinó la cabeza y adoró, agradecido por este memorial especial dado para preservar en sus hijos el recuerdo del cuidado de Dios por su pueblo. Por las manifestaciones de las señales y maravillas mostradas en Egipto, hubo un buen número de egipcios que fueron inducidos a reconocer que el Dios de los hebreos era el único Dios verdadero. Suplicaron que se les permitiera ir con sus familias a las casas de los israelitas, esa terrible noche cuando el ángel de Dios iba a matar a los primogénitos de los egipcios. Estaban convencidos que sus dioses, a los que habían rendido culto, no tenían conocimiento ni poder para salvar o destruir. Y prometieron que de allí en adelante el Dios de Israel sería su Dios. Decidieron salir de Egipto e ir con los hijos de Israel para adorar a su Dios. Los israelitas dieron la bienvenida a los egipcios creyentes en sus hogares (Spiritual Gif’ts, t. 3, p. 223, 224; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 111 5).

Cuando los hijos de Israel eran esclavos en Egipto, el Señor les envió un libertador. Le pidió que fuera ante el faraón, rey de Egipto, y dijera: “Entonces dirás al faraón: ‘Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva; pero si te niegas a dejarlo ir, yo mataré a tu hijo, a tu primogénito”’. Éxodo 4:22, 23.

Moisés le llevó este mensaje al rey. Pero la respuesta del Faraón fue: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Éxodo 5:2.

Entonces el Señor envió plagas terribles sobre los egipcios. La última de ellas consistía en la muerte del primogénito de cada familia, desde la del rey hasta la del más humilde habitante del país.

El Señor le dijo a Moisés que cada familia israelita debía matar un cordero y poner un poco de la sangre sobre los postes y el dintel de las puertas de sus moradas.

Esta era una señal para que el ángel de la muerte pasara por alto las casas de los israelitas, y destruyera solamente a los orgullosos y crueles egipcios.

Esta sangre de la “Pascua” representaba para los judíos la sangre de Cristo. A su debido tiempo, Dios mandaría a su querido Hijo para ser sacrificado como cordero, con el fin de que todos los que creyeran en el pudieran ser salvos de la muerte eterna. Cristo se denomina nuestra Pascua. 1 Corintios 5:7. Por su sangre, por medio de la fe, somos redimidos. Efesios 1:7 ( La única esperanza  p. 16).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 5: «LA PASCUA»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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