Cuando Ciro conquistó la ciudad de Babilonia y concluyó el cautiverio del pueblo de Dios, los persas les permitieron volver a la Tierra Prometida y reconstruir el Templo. Bajo Ciro, el Imperio Persa se convirtió en el más grande de la historia, formando lo que el historiador Tom Holland llama «el mayor conglomerado de territorios que el mundo hubiera conocido» (Tom Holland, Dominion: The Making of the Western Mind [Nueva York: Basic Books, 2019], p. 25, kindle edition). Como era costumbre entre los persas, Ciro fue llamado «el gran rey», o «rey de reyes».
Ciro prefigura lo que sucederá cuando Cristo regrese para buscar a su pueblo. Él es el Rey que viene del este (comparar con Mat. 24: 27), para guerrear contra Babilonia y liberar a su pueblo a fin de que este quede finalmente libre de ella y vuelva a la Tierra Prometida (ver Apoc. 19: 11-16). Por eso Dios se refiere a Ciro como «su ungido» (Isa. 45: 1). Este famoso persa no solo liberó al pueblo de Dios, sino también su campaña contra Babilonia es un tipo o prefiguración de la segunda venida de Cristo.
Lee 2 Crónicas 36: 22 y 23. ¿En qué se parecen la historia de Ciro y la de Nabucodonosor? ¿En qué difieren? ¿Cuál es la importancia del decreto? ¿Cómo influyó en la primera venida de Jesús siglos más tarde?
Ciro no era una representación perfecta de Cristo. Ningún tipo o prefiguración se alinea perfectamente con el anti tipo, con la realidad representada, razón por la cual no debemos leer demasiado en cada pequeño detalle. Sin embargo, Ciro funciona en líneas generales como un tipo del Salvador.
Cuán fascinante es que Dios utilizara a un rey pagano de una manera tan marcada para hacer su voluntad. A pesar de las apariencias, ¿Cómo podemos aprender a confiar en que Dios ciertamente dirigirá los acontecimientos finales según han sido profetizados?
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2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
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