Los dos serán una sola carne, y si Cristo mora en el corazón, son una sola mente. El Señor [creó] al hombre, y luego a la mujer, para que se unieran en el amor y el temor de Dios como uno solo para glorificar a Dios en su mente, corazón, alma y fuerza: consultando juntos, orando juntos, escudriñando las Escrituras juntos. El Señor sabía cómo llevar adelante su obra en nuestro mundo.
El hombre debía anhelar el amor de la mujer y la mujer debía sentir que, en el plan del Señor, ella debía tener el afecto del hombre que había elegido y así traer a la vida la belleza de un afecto mutuo, íntegro y consciente (Manuscript Releases, t. 18, “Marriage a Sacred Ordinance, párr. 2, 3).
Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una “ayuda idónea para él”, alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación. “Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala”. “Por tanto, dejará el hombre a su padre ya su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne”. Efesios 5:29; Génesis 2:24 .
Dios celebró la primera boda. De manera que la institución del matrimonio tiene como su autor al Creador del universo. “Honroso es en todos el matrimonio”. Hebreos 13:4 . Fue una de las primeras dádivas de Dios al hombre, y es una de las dos instituciones que, después de la caída, llevó a Adán consigo al salir del paraíso. Cuando se reconocen y obedecen los principios divinos en esta materia, el matrimonio es una bendición: salvaguarda la felicidad y la pureza de la raza, satisface las necesidades sociales del hombre y eleva su naturaleza física, intelectual y moral (Historia de los patriarcas y profetas, p. 46).
Con una parte del hombre Dios hizo a una mujer, a fin de que fuese ayuda idónea para él, alguien que fuese una con él, que le alegrase, le alentase y bendijese, mientras que él a su vez fuese su fuerte auxiliador. Todos los que contraen relaciones matrimoniales con un propósito santo —el esposo para obtener los afectos puros del corazón de una mujer, y ella para suavizar, mejorar y completar el carácter de su esposo— cumplen el propósito de Dios para con ellos.
Cristo no vino para destruir esa institución, sino para devolverle su santidad y elevación originales. Vino para restaurar la imagen moral de Dios en el hombre, y comenzó su obra sancionando la relación matrimonial. El que hizo la primera pareja santa y creó para ellos un paraíso, ha puesto su sello en la institución matrimonial, celebrada por primera vez en el Edén, cuando las estrellas de la mañana cantaban juntas y todos los hijos de Dios gritaban de alegría (Manuscript Releases, t. 14, párr. 32, 33; parcialmente en El hogar cristiano, p. 84).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
Lección 03: «IMÁGENES TOMADAS DEL MATRIMONIO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
