La muerte de Abel fue el primer ejemplo de la enemistad que Dios predijo que existiría entre la serpiente y la simiente de la mujer; entre Satanás y sus subditos, y Cristo y sus seguidores. Mediante el pecado del hombre, Satanás había obtenido el dominio de la raza humana, pero Cristo habilitaría al hombre para librarse de su yugo. Siempre que por la fe en el Cordero de Dios, un alma renuncia a servir al pecado, se enciende la ira de Satanás. La vida santa de Abel desmentía el aserto de Satanás de que es imposible para el hombre guardar la ley de Dios.
Cuando Caín, movido por el espíritu malo, vio que no podía dominar a Abel, se enfureció tanto que le quitó la vida. Y dondequiera haya quienes se levanten para vindicar la justicia de la ley de Dios, el mismo espíritu se manifestará contra ellos. Es el espíritu que a través de las edades ha levantado la estaca y encendido la hoguera para los discípulos de Cristo. Pero las crueldades perpetradas contra ellos son instigadas por Satanás y su hueste porque no pueden obligarlos a que se sometan a su dominio. Es la ira de un enemigo vencido. Todo mártir de Jesús murió vencedor. El profeta dice: “Ellos le han vencido [“la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás”] por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte”. Apocalipsis 12:11, 9 (Historia de los patriarcas y profetas, págs. 62, 63).
En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida, si Adán hubiera permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divina: “Polvo eres, y al polvo volverás”, entraña la extinción completa de la vida.
La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiera puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron”, Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10 . Y solo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna, más el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida”. Juan 3:36 . Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en cumplir a las condiciones necesarias. Todos “los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad”, recibirán “la vida eterna”. Romanos 2:7 (El conflicto de los siglos, p. 523).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
Lección 02: «EL GÉNESIS COMO FUNDAMENTO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
