Se creía generalmente entre los judíos que el pecado era castigado en esta vida. Se consideró que cada aflicción era castigo de alguna falta cometida por el mismo que sufría o por sus padres. Es verdad que todo sufrimiento es resultado de la transgresión de la ley de Dios, pero esta verdad había sido falseada. Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrariamente infligido por causa del pecado. Por lo tanto, aquel a quien le sobrevenía una gran aflicción o calamidad debía soportar la carga adicional de ser considerado un gran pecador.
Dios había dado una lección para evitarlo. La historia de Job había demostrado que el sufrimiento es infligido por Satanás y que Dios lo controla con propósitos de misericordia (El deseado de todas las gentes, p. 471).
Cada discípulo de Cristo tiene su ángel guardián respectivo. Estos centinelas celestiales protegen a los justos del poder del maligno. Así lo reconoció el mismo Satanás cuando dijo: “Teme Job a Dios de balde? ¿No le has tu cercado a él ya su casa, ya todo lo que tiene en derredor”. Trabajo 1:9, 10 . El medio de que Dios se vale para proteger a su pueblo está indicado en las palabras del salmista: “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende”. Salmo 34:7 … Los ángeles encargados de atender a los hijos de Dios tienen a toda hora acceso a él.
Así que, aunque expuesto al poder engañoso ya la continua malicia del príncipe de las tinieblas y en conflicto con todas las fuerzas del mal, el pueblo de Dios tiene siempre asegurada la protección de los ángeles del cielo. Y esta protección no es superflua. Si Dios concedió a sus hijos su gracia y su amparo, es porque deben hacer frente a las temibles potestades del mal, potestades Múltiples, audaces e incansables, cuya malignidad y poder nadie puede ignorar o despreciar impunemente (El conflicto de los siglos, p. 503).
El enemigo no puede vencer al humilde alumno de Cristo, al que ora y anda en presencia del Señor. Cristo se interpone entre ambos como un escudo, un refugio, para desviar los ataques del malo. Se ha prometido lo siguiente: “Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”…
Se le permitió a Satanás que tentara al confiado Pedro, tal como se le había permitido que tentara a Job; pero una vez terminada su obra, tuvo que retirarse. Si a Satanás se le hubiera permitido cumplir su propósito, no habría habido esperanza para Pedro. Su fe habría naufragado. Pero el enemigo no se atrevió a excederse de la jurisdicción que se le había asignado. No hay poder en todo el ejército satánico que pueda desarmar al alma que confía, con sencilla fe, en la sabiduría que desciende de Dios (Dios nos cuida, p. 64).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2025 «EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA»
Lección 10: «LAS REGLAS DEL CONFLICTO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
