EL REY DE LA GRACIA Y SUS SÚBDITOS
«Con su propia sangre, no con la sangre de cabras ni de becerros, entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna».
Hebreos 9: 12, NTV
Toda alma es de valor porque ha sido comprada por la preciosa sangre de Jesucristo.— Testimonios parala iglesia, t. 5, p. 587.
Hay quienes se refieren a la época judaica como un período sin Cristo, sin misericordia ni gracia. A estas personas se aplican las palabras que Cristo dirigió a los saduceos: «Ustedes están equivocados porque no saben lo que dicen las Escrituras ni conocen el poder de Dios» (Mat. 22: 29, PDT). Durante el período de la dispensación judía se manifestó maravillosamente el poder divino.
La sangre del Hijo de Dios era simbolizada por la de las víctimas inmoladas, y el Señor quería que tuvieran ideas claras y definidas para distinguir entre lo sagrado y lo común. La sangre era sagrada, porque únicamente mediante el derramamiento de la del Hijo de Dios podía haber expiación por el pecado. También se empleaba la sangre para purificar el santuario de los pecados del pueblo, para representar de este modo el hecho de que solamente la sangre de Cristo puede purificar el pecado.— Hijos e hijas de Dios, 6 de agosto, p. 227.
Nuestro Salvador declara que trajo del cielo el don de la vida eterna. Había de ser levantado en la cruz del Calvario para atraer a todos a sí mismo. ¿Cómo trataremos entonces la herencia adquirida por Cristo? Debiera manifestársele ternura, aprecio, bondad, misericordia y amor. Entonces podremos trabajar para ayudar y beneficiar a los demás. Tenemos la exaltada compañía de los ángeles celestiales. Ellos cooperan con nosotros en la obra de iluminar a los encumbrados y a los humildes.
Cristo decidió en el concilio con su Padre que no había de escatimarse nada, por más costoso que fuera. No había que ahorrar nada, por más alto que se lo estimara, para rescatar al pobre pecador. Él daría todo el cielo para esta obra de salvación, a fin de restaurar la imagen moral de Dios en la especie humana. Ser hijo de Dios significa ser uno con Cristo y ser una bendición para todos los que perecen en sus pecados.— Ibíd., 10 de agosto, p. 231.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
