martes , 18 agosto 2026
Matinal De Adultos 2025

«EXTIENDE TU MANO»

Y, mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: “Extiende tu mano. Él lo hizo y su mano fue restaurada”» Lucas 6: 10.

Un sábado, en la sinagoga a la que asistía, Jesús encontró a un hombre con una mano atrofiada, anquilosada, encogida. No sabemos la causa de esa parálisis local, quizá resultado de algún accidente. Lucas, ‹el médico amado» (Col. 4: 14), precisa que se trata de la mano derecha (ver Luc. 6: 6), lo que subraya su situación, ya que entonces pocos oficios se podrían ejercer con una sola mano. Eso significa también que su estado afectaba necesariamente a todas las facetas de su vida, al no poder desempeñar incluso algunas tareas sencillas. Hoy, esta es la condición de numerosas personas enfermas y discapacitadas. No sabemos cuánto tiempo llevaba a‘sí hasta que encontró a Jesús, pero sin duda se sentía disminuido, apocado, a veces hasta impotente o incluso inferior. Todo hándicap suele afectar a la autoestima. En estos casos lo habitual es procurar esconder la mano tullida, disimulándola con la ropa, junto al cuerpo.

Me llama la atención que, para intervenir en favor del manco, Jesús le pide que extienda su mano. Es decir, que reconozca y asuma su situación con realismo, que deje de lado la cuestión de las apariencias y permita al terapeuta constatar sus limitaciones y posibilidades, sin esconder nada.  entonces el milagro se produce.

Los expertos saben bien que parte esencial en toda terapia es conseguir que el paciente se deje reconocer lo más abiertamente posible, revelando su verdadero estado, en todos los aspectos, incluidos sus miedos y reticencias. Esto no solo es verdad en el ámbito de las discapacidades físicas, sino también en el de nuestras flaquezas espirituales.

Por eso, cuando exponemos en oración nuestras debilidades a Dios, el gran Médico, también tenemos que empezar por reconocer nuestra condición y nuestras necesidades y eliminar los obstáculos que impiden su toque sanador. Al acudir a él tal como somos, con todo lo que nos limita, estamos permitiéndole que nos restaure plenamente y nos conceda la salud integral que necesitamos.

Señor, hoy, al acercarme a ti, me atrevo a presentarme tal como soy, porque se que tú todo lo ves y no podría, aunque quisiera,   ocultarte ninguno de mis tristezas. A ti extiendo mis torpes manos para suplicarte que el poder de tu  gracia las haga útiles a tu servicio.

 

ÉL Y YO A SOLAS

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por:  Roberto Badenas
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García

 

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