«Moisés recibió la mejor educación que se daba a los jóvenes egipcios, y llegó a ser un hombre muy importante por lo que decía y hacía>>. Hechos 7: 22, TLA
Moisés suponía que su educación en la sabiduría de los egipcios lo había capacitado plenamente para sacar a Israel de su esclavitud. ¿Acaso no había sido instruido en todas las cosas necesarias para un general de ejércitos? ¿No había tenido las mayores ventajas en las mejores escuelas del país? Sí, sintió que era capaz de liberarlos. Primero emprendió su tarea tratando de ganarse el favor de su propio pueblo al reparar sus injusticias. Mató a un egipcio que había estado abusando de uno de sus hermanos. En esto manifestó el espíritu de aquel que fue homicida desde el principio, y demostró ser inepto para representar al Dios de misericordia, amor y ternura. Hizo de su primer intento un miserable fracaso. Como muchos otros, inmediatamente perdió su confianza en Dios, y le volvió la espalda a la tarea que le había sido asignada; huyó de la ira del faraón. Llegó a la conclusión de que por causa de su error […] Dios no le permitiría tomar parte alguna en la obra de liberar a su pueblo de su cruel cautividad. Pero el Señor permitió estas cosas para poder enseñarle la amabilidad, bondad y longanimidad que son necesarias que posea cada obrero del Maestro; pues son estas características las que constituyen al obrero de éxito en la causa del Señor. [ ]
En la cima misma de su gloria humana el Señor permitió que Moisés revelara la necedad de la sabiduría del ser humano, la debilidad de la fuerza humana, para poder llevarlo a entender su completa impotencia, y su ineficiencia, cuando no se está sostenido por el Señor Jesús.— Fundamentos de la educación cristiana, cap. 44, pp. 380, 381.
Al dar muerte al egipcio, Moisés había caído en el mismo error que cometieron muchas veces sus antepasados; es decir, había intentado realizar por sí mismo lo que Dios había prometido hacer. Dios no se proponía libertar a su pueblo mediante la guerra, como pensó Moisés, sino por medio de su gran poder, para que la gloria fuera atribuida únicamente a él. No obstante, aun de este acto apresurado se valió el Señor para cumplir sus propósitos. Moisés no estaba preparado para su gran obra. Aún tenía que aprender la misma lección de fe que se les había enseñado a Abraham y a Jacob, es decir, a no depender, para el cumplimiento de las promesas de Dios, de la fuerza y sabiduría humanas, sino del poder divino.— Patriarcas y profetas, cap. 21, p. 225.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
