lunes , 7 septiembre 2026

Rebelión frente a convicción cristiana

Cuando nuestros pioneros esperaban el regreso de Jesús, reconocieron que ya estaban viviendo en el tiempo del juicio, durante el cual cada persona será llamada a dar cuenta de su vida ante Dios. Respecto de la crueldad del comercio de esclavos a la luz del juicio, Elena G. de White escribió: «Todo el cielo contempla con indignación a los seres humanos, obra de las manos de Dios, reducidos por sus semejantes a las mayores bajezas de la degradación y puestos al nivel de los seres irracionales. Personas que profesan seguir al amado Salvador, cuya compasión se despertó siempre que viera la desgracia humana, participan activamente en ese enorme y grave pecado: traficar con esclavos y con las almas de los hombres. La agonía humana es trasladada de lugar en lugar para ser comprada y vendida. Los ángeles han tomado nota de todo esto, y está escrito en el libro. Las lágrimas de los piadosos esclavos y esclavas, de padres, madres, hijos, hermanos y hermanas, todo esto está registrado en el cielo» (Primeros escritos, cap. 64, pp. 328-329). Su creencia en el pronto regreso de Jesús y en los inminentes juicios de Dios los motivó a oponerse a la esclavitud. Aunque fue un período muy tenso en la historia de Estados Unidos, que de hecho estalló en una sangrienta guerra civil en la década de 1860, nuestros pioneros fueron inquebrantables en su crítica pública a la trata de esclavos. En 1857, J. N. Andrews escribió: «En la institución de la esclavitud se manifiesta más especialmente, hasta ahora, el espíritu de dragón que habita en el corazón de esta nación hipócrita» («The Three Angels of Rev. XIV», en Advent Review and Sabbath Herald, t. 9, no 20 [19 de marzo], p. 156). Para J. N. Andrews y otros pioneros adventistas, la esclavitud era una prueba de que, aunque Estados Unidos estaba lleno de cristianos que iban a la iglesia todas las semanas, la nación también estaba siendo impulsada por un espíritu equivocado.

Mientras existió la esclavitud en ese país, los adventistas estadounidenses afrontaron el problema con un llamado al arrepentimiento y a reparar lo que estaba roto. Elena G. de White incluso abogaba por quebrantar la ley del país para ayudar a escapar a los esclavos cuando fuera posible. En la década de 1890, una vez abolida la esclavitud, Elena White escribió The Southern Work, un libro que llamaba a los miembros de iglesia a servir a los esclavos emancipados. En la década de 1890, Estados Unidos era un campo misionero muy poco acogedor, con una hostilidad racial que provocaba violencia e injusticia contra la gente de color. Los blancos que fundaban escuelas u otras instalaciones para negros también eran víctimas de ataques. A los 44 años, en medio de toda esta tensión y violencia, el hijo rebelde de Elena G. de White, Edson, se convirtió y se sintió llamado a responder a la necesidad de los Estados del sur. Arriesgándolo todo, Edson se trasladó al sur para ayudar a iniciar la obra evangélica entre los esclavos recién liberados, y estableció escuelas, editoriales e iglesias por toda la región.

Quienes se implicaron en ayudar a los oprimidos seguían las instrucciones que Jesús dio a sus discípulos en su último sermón, registrado en Mateo 25. Este mensaje, que comienza en el capítulo anterior, era la respuesta a una pregunta que habían formulado los discípulos: «¿Cuál será la señal de tu regreso y del fin del mundo?» (24: 3). El capítulo 25 contiene tres parábolas, y cada una de ellas está relacionada de alguna manera con la Segunda Venida. La primera es la parábola de las diez vírgenes, que vimos en la primera lección; habla de la preparación personal necesaria para el regreso de Cristo. Le sigue la parábola de los talentos, que hace hincapié en la importancia de trabajar por la salvación de los demás. La última parábola, en la que el rey separa los cabritos impíos de las ovejas justas, explica de forma sencilla y práctica los criterios por los que seremos juzgados. De poco nos servirá un ministerio activo si no ha sido auténtico y desinteresado, buscando siempre el bien de los oprimidos de la sociedad.

Gran parte de la actividad religiosa actual es pública. La gente suele buscar el reconocimiento exterior, pero este no es el tipo de servicio que busca Jesús. Los dos grupos de la parábola de las ovejas y los cabritos se sorprendieron de que su servicio o falta de servicio se notara. Las personas representadas por los cabritos no esperaban ser condenadas por su desatención a personas aparentemente sin importancia; y las representadas por las ovejas no esperaban ser recompensadas por la forma en que ayudaban a los marginados de la sociedad, pues no lo hacían para ganarse el favor público.

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¿Cómo podemos ayudar a otros por motivos más profundos que simplemente ganarse la atención de los demás por lo que hacemos?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
Lección 11 «EL EVANGELIO EN ACCIÓN»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

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