Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra. EFE. 3:14, 15.
Siento admiración por la forma en que Dorothy Redford, oriunda de Virginia, creó una celebración familiar de un pasado muy poco prometedor. Al buscar en su genealogía encontró una nota de venta en la corte de un condado que mostraba que su antepasado más antiguo conocido, Elay Littlejohn, junto con ocho hijos habían sido vendidos como esclavos al dueño de la plantación Somerset en Carolina del Norte. Dorothy comenzó a buscar en los documentos de Somerset y descubrió por primera vez la red de nombres que constituían sus parientes. Decidió tener una reunión familiar.
En septiembre de 1986 la plantación Somerset Place, ahora un sitio de interés histórico, fue testigo de una reunión especial en la historia norteamericana. Los descendientes de los esclavos que una vez trabajaron en la plantación del Norte de Carolina se juntaron para compartir sus raíces comunes. Hubo un concierto de música «negro spiritual», una exhibición de danzas africanas y la dramatización de una boda entre esclavos. Pero el clímax de ese evento fue simplemente el deleite del descubrimiento mutuo, de encontrar que ellos venían de un pasado en común.
La reunión de Somerset probó ser un acontecimiento inolvidable. Dorothy Redford se tomó el tiempo de realizarlo. En efecto, ella creó toda una nueva familia.
En cierto sentido nosotros también somos esclavos. El pecado es un amo inflexible. Nos mantiene esclavizados y destruye nuestro potencial. Al ser liberados por Cristo nos unimos a una nueva familia. Venimos de diferentes lugares, pero estamos unidos por un pasado en común y por haber sido liberados para entrar en una nueva comunidad espiritual, la iglesia.
Hay un himno de Bill y Gloria Gaither que describe adecuadamente esta verdad eterna. «Podrás notar que decimos hermano y hermana por aquí, es porque somos una familia, y estas personas son tan queridas. Cuando alguien tiene un dolor todos derramamos una lágrima».
Todos anhelamos estar conectados, tener una familia, un hogar. La iglesia es la familia de Dios. Puede no ser una familia perfecta, pero es la suya. Nos provee cuidado, seguridad y fraternidad en un mundo fragmentado. Nos ofrece el sentido de comunidad que anhelamos. La iglesia es un lugar de mutuo entendimiento, donde soportamos las cargas unos con otros, donde escuchamos del gozo y el dolor, y se satisfacen las necesidades de cada uno.
Así como cada parte del cuerpo es parte del todo, así cada miembro de la iglesia es uno a través de Cristo. En una iglesia Dios ha creado toda una nueva familia. Regocíjese hoy porque usted es miembro de la familia de Dios.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
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Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

