Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. FIL 3:17.
Catherine Marshall recuerda a su padre, el pastor John Wood, como el hombre que la condujo a Cristo. Cuando Catherine era una niña, le parecía que el Padre que gobernaba desde el cielo era un ser temible. Ella había escuchado mucho acerca de entregar su vida a este Dios, pero la idea de pasar todo el tiempo orando, leyendo la Biblia y hablando de Dios no le apelaba.
Pero sí le apelaba su padre terrenal. Ella estaba segura de que él la amaba. Cuando progresó lo suficiente en sus lecciones de piano como para poder tocar los himnos más sencillos, su papá le permitía tocar algunas veces en la iglesia.
Catherine Marshall escribió lo siguiente: «De esta manera, desde niña se me brindó un sentido de autoestima, de reconocimiento de mi individualidad… Esta seguridad es algo que los padres pueden dar a sus hijos sólo mediante sus acciones».
Y fue por sus acciones como el pastor John Wood mostró cuán accesible y misericordioso puede ser el Padre celestial. El pastor a menudo llevaba consigo a Catherine cuando visitaba a sus feligreses. Una de sus historias favoritas es la de cuando su padre fue a visitar a alguien cerca de las vías del tren en Keyser, Virginia Occidental. Él quería hablar con un miembro nuevo de su congregación.
El pastor Wood encontró a este hombre trabajando duramente en las vías del ferrocarril. El pastor extendió su mano para saludarlo, pero el hombre disculpándose dijo: «No puedo saludarlo, pastor, mis manos están muy sucias».
Sin dudar un instante, John Wood se agachó hasta el suelo y frotó sus manos en el hollín del carbón. «¿Qué tal ahora?», sonriendo le extendió una mano en igual condición que la del hombre.
John Wood no sólo le contó a su hija acerca de Dios, sino que se lo mostró. Ella escribió: «Durante todo el tiempo Dios había querido que el amor de mi padre terrenal fuera una figura de mi Padre celestial y que me mostrara cómo conectarme con él».
Jesús vino a la tierra a revelar el amor del Padre. Algunas cosas no se pueden describir, se deben mostrar. El gran testimonio de nuestro amante Padre es el ejemplo de ese amor en la vida diaria de sus seguidores. El ejemplo más poderoso de un cristianismo genuino es la forma en que vivimos.
El padre de Catherine Marshall y otros innumerables padres y madres fueron los que pasaron la llameante antorcha de la verdad a la siguiente generación. A través del ejemplo de sus vidas santas, Dios nos llama a que nosotros hagamos lo mismo hoy.
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Colaboradores: Familia Mariscal

