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Devocion Familiar 2018

Yo mulliré tu lecho en la enfermedad

<<Jehovà lo sosterrà en el lecho de dolor; ablandar su cama en la enfermedad>>. Salmo 41: 3

EL SALMISTA escribió el Salmo 41 en un momento en que padecía una enfermedad grave. Mientras estemos en este mundo, muchas veces la enfermedad tocará nuestro cuerpo. Job, un ser integró como ningún otro, queda postrado en el lecho de dolor, y ahora David, viviendo una vida de entera dependencia divina, sufría también las inclemencias de la enfermedad.

Muchas veces Dios permite que la enfermedad toque a la puerta de nuestra vida para que <<las obras de Dios se manifiesten>> en nosotros. Alabemos su nombre si, en medio de nuestras lágrimas, él es glorificado. Otras veces Dios permite que la enfermedad llegue por algún motivo, redentor o educativo, que <<al presente no es motivo de gozo sino de tristeza>>, pero que el tiempo se encargara de mostrarnos que Dios tenia razón. ¿No será que a través de la enfermedad el Señor quiere despertarnos del letargo espiritual, o que el dolor que sufrimos en el presente este siendo un testimonio de la misericordia divina y de la maldad del diablo ante las criaturas del universo? (Ver Juan 9:3; Heb. 12: 11)

En fin, lo que realmente importa no es conocer las causas, sino saber que en la hora de la enfermedad podemos contar con el consuelo divino,. <<Jehová te sostendré en el lecho de dolor>>, es la promesa del versículo de hoy, pero el Salmista continúa: <<Ablandará tu cama en la enfermedad>>.

La palabra hebrea hafak, usada en la traducción como <<mullirá>>, quiere decir literalmente <<dar vuelta>>, <<cambiar>>. La idea sugerida aquí por el original es el consuelo que el doliente experimenta cuando le cambian la cama.

Dicen que una de las cosas que mejor revela la capacidad de una enfermera es su perfecta idoneidad para cambiar la ropa de cama con el enfermo acostado sin que este se sienta incómodo. ¿Te das cuenta de lo que Dios esta tratando de decir?: que él transformar el lecho del sufrimiento. No promete que siempre va a curar, pero promete proporcionar alivio y consuelo.

<<No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejaré ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dar también juntamente con la prueba la salida, para que podía soportarla>> (1 Cor. 10:13).

A veces, cuando visito a alguien que está pasando por el valle del sufrimiento, me gustaría leerle solamente las promesas de sanidad y restauración, pero la realidad es que Dios no siempre promete curar. A veces, dice: <<Bástate mi gracia>> (2 Cor. 12:9). Y, como Pablo, tenemos que cargar con el aguijen en la carne hasta el fin de nuestros días.

Y es en esos momentos cuando brilla la promesa del versículo de hoy. Las manos divinas que abrieron los ojos del ciego, también pueden venir para mullir el lecho y confortar el corazón afligido del enfermo y de los familiares.

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón

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