«Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros»
Romanos 7:23.
Desde la caída del ser humano al desobedecer a Dios este quedó separado de él, sin posibilidades de regresar a su estado inicial de santidad. Al haber sido creado por Dios, el hombre, su hijo —propiedad de Dios, por así decirlo—, podía hablar con su Creador cara a cara, tener acceso al árbol de la vida y vivir en su hogar por la eternidad. Sin embargo, al pecar, el ser humano escogió a Satanás, el enemigo de Dios, como soberano de su vida, quien lo esclavizó a su antojo y lo tomó como su propiedad por su elección. La naturaleza santa del ser humano se tornó en una naturaleza pecaminosa, degradada, incapaz de adherirse a la voluntad de Dios ni con la fuerza de obedecerlo. Su voluntad quedó bajo el mando del enemigo que había escogido como soberano.
Por tanto, era necesario un rescate, un Salvador, alguien que estuviera dispuesto a pagar el precio del rescate del ser humano vendido al pecado. Ese fue el Cristo que vino a morir por el ser humano para darle una oportunidad de vida.
Es un hecho que la raza humana mantiene la ley del pecado en su carne, pero existe la oportunidad de regresar a ser propiedad de Dios con un simple acto: ¡creer! Debes creer en Jesús como tu Salvador, como el único que es capaz de convertir una historia de pérdida en una de victoria.
Cuando el ser humano acepta a Jesús como su Salvador bautizándose en el nombre de la Trinidad, se convierte por voluntad propia en hijo de Dios, el mismo hecho voluntario que lo volvió esclavo de Satanás. Vuelve a ser hijo del Creador al creer en Jesús.
Hoy tienes esperanza gracias a Jesús, quien te libra de la ley del pecado, porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
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