«A ti, oh Señor, levanto mi alma. Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.» Salmo 86:4-5
El arrepentimiento tiene sus raíces en la culpa no resuelta, en una elección que tomó imprudentemente, en una persona a la que trató sin amor o en una oportunidad que desperdició descuidadamente. Usted tuvo la oportunidad de influir en una situación de una manera que bendeciría a otros, exaltaría a Dios y beneficiaría su vida. Pero cometió un error y ahora está pagando las consecuencias.
¿Le suena esto a usted? Amigo, no tiene que seguir viviendo con arrepentimiento. Acuda a su amoroso Salvador, pida perdón y abandone sus sentimientos de culpa.
Él puede indicarle que rectifique el error, que haga enmiendas con aquellos a quienes haya herido y perdone a cualquiera que le haya lastimado. Si lo hace, entonces obedézcalo inmediatamente. Pero luego siga adelante. No continúe castigándose por algo que Dios ha perdonado.
Es cierto que aún tendrá que vivir con las consecuencias relacionadas con sus elecciones. Pero el Padre no quiere que viva con culpa, vergüenza o arrepentimiento sin resolver. Búsquelo y sea libre.
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Tomado de la: Lectura Devocional de Familiares 2026
«CADA DÍA EN SU PRESENCIA»
Por: Charles F. Stanley
Colaboradores: Familia Mariscal y Claudia Escamilla
