«Mis queridos hijos, escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo»
1 Juan 2: 1.
Verdad» y «ceguera deliberada». Estas son dos expresiones que se popularizaron mucho en una época en mi país, Brasil, tras una serie de actos ilícitos cometidos por políticos qué fueron descubiertos y sacados a la luz. La primera palabra se relaciona con la búsqueda de la verdad; la segunda expresión se relaciona con la persistencia deliberada en mantener los hechos oscuros para no ser considerado culpable.
La naturaleza humana se ha ido degenerando más y más a lo largo de los siglos de pecado. Muchos, teniendo poder y el corazón corrompido, practican las más diversas violaciones contra sí mismos y contra sus semejantes. Cometen actos que son, de hecho, ilícitos y merecedores de condena. Aunque la triste realidad es que muchas de las personas que son perjudicadas por las políticas públicas y económicas de los países, y que hoy claman en las calles, si tuvieran las mismas oportunidades que tuvieron los que estaban en el poder también hubieran cometido los mismos actos condenables.
En las rutinas del día a día, cuando nadie nos ve, ¿qué hacemos, buscamos lo que es verdadero o somos deliberadamente ciegas para no sentirnos culpables? ¿Buscamos y nos apropiamos de actitudes verdaderas, correctas y justas, aun cuando eso nos perjudique, o hacemos uso de mentiras «piadosas», omisiones, disimulos y otras formas de engaño? Es la repetición diaria de verdades o de cegueras deliberadas lo que forma nuestros hábitos. Y esos hábitos son los que forman nuestro carácter.
Las investigaciones de irregularidades políticas son marcadas por maniobras e intentos de huir de las consecuencias, pero hay otro resultado del que nadie puede escapar, del que no habrá inmunidad parlamentaria. Una larga investigación de la vida de cada persona, marcada por una infinita misericordia divina, decretará entonces la sentencia. Todos habremos tenido a nuestra disposición al mejor Abogado de defensa y podremos ser absueltos, pero no todos aceptarán ese camino.
Entonces, Jesús dirá: «Hiciste bien, siervo bueno y fiel!. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!» (Mateo 25: 21). Esas palabras serán declaradas a aquellos que eligieron la verdad. Y para los que prefirieron la ceguera deliberada, la sentencia será: «¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!» (Mateo 7: 23).
Insiste en buscar la misericordia divina. Acepta la perfecta actuación del Abogado que está junto al Padre, guiándote a la verdad y al perfeccionamiento de tu carácter, aun cuando eso es algo que pueda doler.
Lo que importa es ser aprobada en aquel gran día.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
