1 Samuel 25. 36- 39
«No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor».
Romanos 12: 19
Aunque Nabal había rehusado ayudar en las necesidades de David y sus hombres, esa misma noche realizó una fiesta extravagante para sí mismo y sus pendencieros amigos. Comieron y bebieron hasta que se hundieron en el estupor de la borrachera.— Hijas de Dios, cap. 2, p. 40.
A Nabal no le preocupaba gastar una cantidad exorbitante de su fortuna en complacerse y glorificarse a sí mismo, pero le parecía un sacrificio demasiado penoso compensar a los que habían sido como un muro para sus rebaños y manadas con algo que no afectaría mayormente su presupuesto. Nabal era como el hombre rico de la parábola. Tenía solo un pensamiento: usar los dones misericordiosos de Dios para complacer sus egolátricos apetitos carnales. No tenía un pensamiento de gratitud para el Dador. No era rico para con Dios, porque el tesoro eternal no le atraía. El pensamiento absorbente de su vida era la riqueza presente, la ganancia presente. Eso era su dios.— Comentario bíblico adventista, t. 2, pp. 1015.
Nabal era un cobarde, y cuando se dio cuenta de cuán cerca su tontería lo había llevado de una muerte repentina, quedó como herido de un ataque de parálisis. Temeroso de que David continuara con su propósito de venganza, se llenó de horror y cayó en una condición de insensibilidad inconsciente. Diez días después falleció. La vida que Dios le había dado, solo había sido una maldición para el mundo. En medio de su alegría y regocijo, Dios le había dicho, como le dijo al rico de la parábola: «Esta noche vienen a pedirte tu alma>> Luc. 12: 20.— Patriarcas y profetas, cap. 65, p. 657.
Cuando David se enteró de la muerte de Nabal, agradeció a Dios que había tomado la venganza en sus propias manos. Había sido alejado del mal y el Señor había devuelto la maldad del impío sobre su propia cabeza. Al observar en este incidente la forma en que trató Dios con Nabal y David, podemos sentirnos alentados a poner nuestros casos en las manos de Dios, que en el momento apropiado él arreglará las cosas.— Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 1016.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
