«Dios temible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están a su alrededor».
Salmo 89: 7

Algunos piensan que es señal de humildad orar a Dios de una manera común, como si hablasen con un ser humano. Profanan su nombre mezclando innecesaria e irreverentemente• con sus oraciones las palabras «Dios Todopoderoso», palabras solemnes y sagradas, que no debieran salir de los labios a no ser en tonos subyugados y con un sentimiento de reverencia.— La oración, cap. 18, pp. 244, 245.
Es la sentida oración de fe la que es oída en el cielo y contestada en la tierra. Dios entiende las necesidades de la humanidad. Él sabe lo que deseamos antes de que se lo pidamos. Él ve el conflicto del alma con la duda y la tentación. Nota la sinceridad del suplicante. Aceptará la humillación y aflicción del alma. «Pero yo miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra» (Isa. 66: 2).
Es privilegio nuestro orar con confianza, pues el Espíritu formula nuestras peticiones. Con sencillez debemos presentar nuestras necesidades al Señor, y apropiarnos de su promesa.— Ibid., cap. 6, pp. 73, 74.
Nuestras oraciones deben estar llenas de ternura y amor. Cuando anhelemos sentir de una manera más profunda y amplia el amor del Salvador, clamaremos a Dios por más sabiduría. Si alguna vez hubo necesidad de oraciones y sermones que conmuevan el alma, es ahora. El fin de todas las cosas está cercano. ¡Ojalá pudiésemos ver como debiéramos la necesidad de buscar de todo corazón al Señor! Entonces lo encontraremos. Quiera Dios enseñar a su pueblo a orar!— Ibid., cap. 2, p. 31.
EL TRONO DE GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García