Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (por-que está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero. GÁL. 3:13.
El 21 de mayo de 1946, en Los Álamos, Nuevo México, un arriesgado científico canadiense de nombre Louis Slotin estaba realizando unos delicados experimentos con uranio. Él estaba ayudando a preparar la segunda prueba de la bomba atómica, a realizarse en las aguas del Pacífico Sur. Slotin necesitaba determinar la cantidad exacta de U-235 necesaria para tener una reacción en cadena. Los científicos llamaban a eso la «masa crítica». Lentamente Slotin trató de juntar los dos hemisferios de uranio. Luego, justo cuando el material alcanzaba el grado crítico, los separó con un destornillador común, deteniendo de inmediato una reacción en cadena. Hizo esto muchas veces.
Pero en este día en particular, justo cuando la masa llegaba al punto crítico, ¡a Slotin se le resbaló el destornillador! Los otros científicos se apartaron horrorizados. Pero en lugar de esconderse y quizá salvarse a sí mismo, Slotin separó los dos hemisferios con sus propias manos. Se interrumpió la reacción en cadena. Por medio de este acto de valor, instantáneo y desinteresado, Slotin salvó la vida de las otras siete personas que estaban en esa habitación. Se dio cuenta de que él se había expuesto a una dosis letal de radiación, pero consiguió mantenerse tranquilo. Les gritó a sus colegas que se quedaran exactamente donde habían estado en el momento del accidente. Luego en el pizarrón dibujó un diagrama de la posición relativa de cada uno de ellos. Esto les permitiría a los médicos descubrir más tarde el nivel de radiación que cada uno había absorbido.
A los pocos minutos, Slotin estaba a la vera del camino, esperando junto con otro científico al auto que los llevaría a ambos al hospital. Tranquilamente Slotin le aseguró a su compañero: «Vas a salir bien de esto, pero yo no tengo ninguna posibilidad». Estaba en lo cierto. Nueve días más tarde Slotin murió en agonía.
Hubo Uno que absorbió la total radiación del poder destructor del pecado por nosotros. Él separó los «hemisferios del pecado» con sus propias manos. El experimentó la enormidad de la maldición del pecado.
Cuando los cínicos sacerdotes se burlaron: «A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar» (Mat. 27:42), ellos hablaban de una verdad eterna. Jesús tomó una decisión consciente de experimentar el terrible dolor y el poder destructivo del pecado para salvarnos. Todo lo que el pecado ocasiona lo experimentó Jesús en la cruz. Todo lo que el pecado es, lo fue para Cristo en la cruz. Todo lo que el pecado significa lo entendió Jesús en la cruz. Él estuvo dispuesto a aceptar todas las consecuencias, todo el castigo, y sus resultados finales.
Nunca lograremos entender en forma completa lo que esto significa, pero podemos apreciar el desinteresado acto de valor de Jesús. Así como Slotin le aseguró a su compañero, Jesús nos asegura: «Vas a salir bien de esto».
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

