<<Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo>>. Efesios 4:15
EL CAPÍTULO 4 de la Epístola a los Efesios comienza hablando de la unidad que debe existir en la iglesia. Unidad no quiere decir uniformidad. Cada miembro tiene el derecho a pasar de pensar de un modo diferente, pero los que son controlados por el Espíritu saben cuando la manera individual de encarar un asunto está atentando contra la unidad de la Iglesia. Por lo genera, quien al exponer sus ideas comienza a perder la paciencia, deja de defenderlas y pasa a defenderse a sí mismo.
El versículo de hoy se encuentra casi en el resumen final del tema de la unidad. El versículo habla de nuestro crecimiento en Cristo, <<la cabeza>>. En la iglesia no puede existir unidad sin que haya miembros maduros y equilibrados. La madurez y el equilibrio son atributos propios de quienes, por su comunión con Cristo, son cada día más semejantes a él.
Como la flor se vuelve hacia el Sol para que sus brillantes rayo les ayuden a perfeccionar su belleza y simetría, así hemos de volvernos hacia el Sol de justicia, a fin de que la luz celestial brille sobre nosotros y nuestro carácter se transforme a la imagen de Cristo… Así fue como los rimeros discípulos llegaron a asemejarse a un amado Salvador.
Cuando aquellos discípulos oyeron las palabras de Jesús, sintieron su necesidad de él. Lo buscaron, lo encontraron y lo siguieron. Estaban con él en la casa, en la mesa, en los lugares apartados… Aquellos discípulos eran hombres con «debilidades como las nuestras». Debían librar la misma batalla contra el pecado.
Necesitaban la misma gracia para poder vivir una vida santa (El camino a Cristo cap. 8, pp. 101, 108).
Y si los discípulos lo consiguieron, la promesa puede cumplirse también en nosotros. ¿no te parece?
Los discípulos eran víctimas del egoísmo y del orgullo. Mientras estaban al lado de Jesús, el carácter del Maestro se reflejaba en sus vidas pero, cuando se apartaron de la única fuente de poder, fueron poseídos por un sentimiento de desunión y peleas a causa de los cargos que consideraban importantes. Por eso, saber que <<eran hombres sujetos a las mismas pasiones que nosotros>> (Sant. 5, 17), y que sin embargo, llegaron a ser victoriosos en Jesús, es inspirador y nos da la seguridad de que, en la medida en que vivimos una vida de permanente comunión con Cristo, también veremos el maravilloso carácter del Maestro reflejado en nuestra vida.
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“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón
