lunes , 21 septiembre 2026
Matinal Para Adultos 2015

Una vida ejemplar

«Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano.
De tu Dios tendrás temor. Yo, Jehová» (Levítico 19: 32)

La residencia de ancianos Maranatha, anteriormente, fue una masía (casa de labor, con finca agrícola y ganadera, típica del noreste de España). Esta fue donada a la iglesia por la familia de la hermana Dolores Mauri, quien vivió allí hasta su muerte, a los noventa años. Acondicionada convenientemente, es hoy un centro geriátrico donde un equipo de profesionales prodiga cariño, cuidados y asistencia facultativa a personas mayores. Es un lugar providencial para ancianos adventistas y también para aquellos que no lo son.

Entre ellos, Purificación Bellido. Se graduó de maestra y matrona y ejerció como tal en instituciones públicas. Convertida a la fe adventista en tiempos de gran intolerancia religiosa, perdió su trabajo y se preparó entonces como ins­tructora bíblica, labor que desempeñó durante cuarenta años. Purita se ocupó de grupos e iglesias, y, sin haber sido ordenada al ministerio, obligada por las cir­cunstancias, ejerció plenamente como “pastora”, mucho antes de que la polémi­ca de la ordenación de mujeres se debatiera en la Iglesia Adventista. Instruyó y llevó a la conversión a familias de raigambre adventista. En la Iglesia de Alcoy (Alicante, España), le tocó bregar con un gobernador civil de la provincia que, a toda costa, quería suspender los servicios religiosos, lo cual no pudo conseguir por la tenaz defensa de su “pastora” que, durante algún tiempo, trasladó la con­gregación a su casa, con riesgo de ser multada o encarcelada.

Es un verdadero logro llegar a la ancianidad. Las personas mayores mere­cen el respeto y reconocimiento de la iglesia. Al respecto, dice Elena White: «Dios ha mandado especialmente que se manifieste tierno respeto hacia los ancianos. “Corona de honra es la vejez que se halla en el camino de justicia” (Proverbios 16: 31). Habla de batallas que se libraron y victorias que se gana­ron; de responsabilidades que se asumieron y de tentaciones que se resistieron. Habla de pies cansados que se acercan al descanso, de puestos que pronto quedarán vacantes. Ayúdese a los niños a pensar en esto, y entonces allanarán el camino de los ancianos mediante su cortesía y su respeto, y añadirán gracia y belleza a sus jóvenes vidas si prestan atención a este mandato: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano” (Levítico 19: 32)» {Consejos para la iglesia, pág. 362).

Si conoces a una persona mayor, hoy es buen día para mostrarle afecto y recordarle que hay un Dios en los cielos.

Tomado de: Lecturas devocionales para Adultos 2015
“Pero hay un Dios en los cielos”
Por: Carlos Puyol Buil

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