
¿Cómo puede el que alguna vez ha probado el amor de Cristo, satisfacerse con las frivolidades de la moda? Mi corazón se apena al ver a los que profesan ser seguidores del manso y humilde Jesús, tan ansiosos por adaptarse a la norma mundana de vestir. Apenas pueden ser distinguidos del incrédulo, a pesar de su profesión de piedad. No gozan de una vida religiosa. Dedican su tiempo y sus medios al solo objeto de vestirse para hacer ostentación.
El orgullo y la extravagancia en el vestir es un pecado al que tiene especial tendencia la mujer. De aquí que el mandato del apóstol se refiera directamente a ella: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.1 Timoteo 2:9, 10.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 12—LOS VESTIDOS Y LOS ADORNOS—Capítulo 121—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara