«El Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien. Mientras José vivía en la casa de su patrón egipcio, este se dio cuenta de que el Señor estaba con José y lo hacía prosperar en todo.».
Génesis 39: 2, 3, NVI

La notable prosperidad que acompañaba a todo lo que se encargara a José no era de un milagro directo, sino que su trabajo, su interés y su energía fueron coronados con la bendición divina. José atribuyó su éxito al favor de Dios, y hasta su amo idólatra aceptó eso como el secreto de su impresionante prosperidad. Sin embargo, sin sus esfuerzos constantes y bien dirigidos, nunca habría podido alcanzar tal éxito. Dios fue glorificado por la fidelidad de su siervo. Era el propósito divino que por la pureza y la rectitud, el creyente en Dios apareciera en marcado contraste con los idólatras, para así la luz de la gracia celestial brillara en medio de las tinieblas del paganismo.
La dulzura y la fidelidad de José cautivaron el corazón del jefe de la guardia real, que considerarlo más como un hijo que como un esclavo. El joven entró en contacto con personajes de alta posición y de sabiduría, y adquirió conocimientos de las ciencias, los idiomas y los negocios; educación necesaria para quien sería más tarde primer de Egipto.— Patriarcas y profetas, cap. 20, pp. 192, 193.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García