«Que la belleza de ustedes no sea la externa,
que consiste en adornos tales como peinados ostentosos,
joyas de oro y vestidos lujosos.
Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del corazón
y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios».
1 Pedro 3:3-4, NVI
LOS QUE AMAN LA MODA pueden pretender ser seguidores de Cristo, pero sus vestidos y conducta demuestran que ocupa su mente y retiene sus afectos. La apariencia externa es una señal de lo que hay en el corazón. El verdadero refinamiento no encuentra satisfacción en el adorno del cuerpo para la ostentación. Una mujer modesta y piadosa se vestirá modestamente. La sencillez del vestido siempre hace aparecer con ventaja a una mujer prudente. En la elección de vestidos simples y adecuados se manifiesta una mente refinada y cultivada. En el corazón santificado no hay lugar para los pensamientos en adornos innecesarios. — Christian Temperante and Bible Hygiene, p. 93.
Hay un adorno que no perecerá nunca, que promoverá la felicidad de todos los que nos rodean en esta vida y resplandecerá con lustre inmarcesible en el futuro inmortal. Es el adorno de un espíritu manso y humilde. Dios nos ha ordenado llevar sobre el alma el atavío más rico. — Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 636.
El adorno interior de un espíritu manso y pacífico es inestimable. En la vida del verdadero cristiano el adorno exterior estará siempre en armonía con la paz y la santidad interiores. […] La abnegación y el sacrificio caracterizarán la vida del cristiano. […] Una evidencia de que el gusto se convirtió, se verá en el vestuario de todo aquel que anda en el camino allanado para los redimidos del Señor.
Es correcto amar lo bello y desearlo; pero Dios desea que primero amemos y busquemos las bellezas superiores, que son imperecederas. Ningún adorno exterior puede ser comparado en valor o belleza con aquel «espíritu suave y apacible», el «lino finísimo, blanco y limpio» (Apoc. 19: 14) que todos los santos de la tierra usarán. Estas ropas los harán hermosos y deseables aquí, y en el futuro serán su distintivo de admisión en el palacio del Rey. Su promesa es: «Andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos» (Apoc. 3: 4, LBLA). — Los hechos de los apóstoles, cap. 51, p. 389.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Martha González.

