«Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).
Durante los cuatro días que pasaron a la deriva, Sophie, su mamá y los demás tripulantes de la lancha oraban juntos y hacían el culto. Cierto día, viernes, el sábado, fue Sophie quien lo dirigió. Su mensaje fue: «En momentos así, debemos confiar en Dios».
Ese mismo día, sábado, divisaron diminutas islas a la distancia. La paz y la tranquilidad de inmediato invadieron sus corazones. Dios estaba al control y les estaba mostrando su misericordia. Con mucho esfuerzo y gratitud, lograron llegar a una playa desierta, descendiendo a tierra.
Al pisar tierra y contar su experiencia, la gente de Lavongai, la isla a donde habían llegado, los ayudó a conseguir transporte para regresar a casa. Cuando Jonah, el novio de Sophie, supo lo que había pasado, dijo: «Pensar que nuestra boda estaba tan cerca, y los arreglos tan encomendados, y casi pierdo a mi novia…». Entendió en ese día lo que significa estar agradecido a Dios.
No debería hacer falta un suceso milagroso para que estemos agradecidos a Jesús. El héroe sabe que Jesús está siempre ayudándolo y vive agradecido por cuidarlo.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
“HEROES Y VILLANOS”
Por: «RAÚL LOZANO»
Colaboradores: Lisseth Orduz y Claudia Escamilla.
