Oh, Dios, tú conoces mi insensatez; y mis pecados no te son ocultos. SAL 69:5.
Años atrás, en una de las populosas ciudades de la India, un taxi que corría velozmente golpeó a un niño de la calle. El funcionario del gobierno que fuera testigo del accidente llevó rápidamente al niño malherido a un hospital cercano, donde gradualmente se recuperó.
Cada día el funcionario y su esposa visitaron a su joven amigo, y se encariñaron con él. Como no tenía familia, decidieron adoptarlo. Al ser dado de alta del hospital, ellos con gozo lo trajeron a su mansión como uno de su propia familia.
Cada día la madre traía a su hijo al hospital para que le cambiasen las vendas. Una mañana ella estaba muy ocupada y le preguntó al niño si él podía ir solo. «Por supuesto», respondió orgullosamente, «yo conozco esta ciudad». La madre le dio un dólar y cuarto para pagarle al médico, y con una sonrisa y un beso lo despidió.
El muchacho se encaminó al hospital. Luego, justo al doblar la esquina, una tentación cruzó su mente. Se detuvo, abrió su mano, y miró las monedas que brillaban. Nunca antes había tenido tanto dinero. ¿Por qué tenía que dárselo al médico?
Durante unos minutos estuvo pensando. Tomó una decisión. Aferrando sus monedas, el muchacho corrió por la calle, y nunca más se le vio.
El padre que él abandonó tenía una fortuna considerable. Todos sus otros hijos eran graduados de la universidad y tenían altos puestos en el gobierno y en los negocios. El padre tenía planes de darle a este nuevo hijo las mismas ventajas, incluso la herencia de la fortuna familiar. Pero el joven muchacho tiró todo por la borda por un dólar y cuarto.
Hay veces cuando nosotros también tiramos tanto por tan poco. Nos aferramos a las monedas de la desobediencia, y corremos por la calle del placer sensual. Dejamos detrás una fortuna eterna por unas pocas chucherías terrenales. Elegimos lo terrenal por encima de lo celestial, el aquí por el más allá, el presente por la eternidad. Mientras tanto nuestro Padre celestial, con el corazón adolorido, anhela darnos mucho más.
Somos herederos de la fortuna familiar. Nunca nos olvidemos de ello.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

