Una fachada

 

«Jesús se acercó para ver si encontraba higos en la higuera; pero solo tenía hojas» (Marcos 11:13)

¿Te imaginas una ciudad que reúne otras increíbles metrópolis del mundo? Venecia y París están lado a lado. En la siguiente cuadra, Nueva York. Enfrente está Roma y, más adelante, El Cairo. Y, cuando cae la noche, se encienden luces por todos lados: la mayor iluminación nocturna del mundo. ¡Hay tanta luz que la electricidad de esta «ciudad de ciudades» podría abastecer a todo un estado! Y todo esto se concentra en una única avenida en el corazón del desierto de Mojave. ¿Te dio curiosidad? ¡Bienvenido a Las Vegas!

Está en Nevada, Estados Unidos, y allí se encuentra la prueba de que «las apariencias engañan». A primera vista, sus mega hoteles con jardines y fuentes deslumbrantes encantan con fachadas llenas de ostentación. Sin embargo, detrás de esa belleza superficial se esconde la verdad: hacer que la gente gaste, juegue, apueste y pierda, generalmente todo.

La adicción a las cartas, las ruletas y los tragamonedas llena los más de 80,000 cuartos en una sola calle de 6 kilómetros. Y si bien es lindo a la vista, es triste observar personas que amanecen en soledad, bebiendo y fumando para olvidar su vida. Además, gastan más de lo que tienen para intentar ganar lo que no merecen. Esta es la trampa de los casinos: seducen a las personas y las dejan cada vez peor.

Y tú, ¿te has estado preocupando demasiado por las apariencias? Admirar lo bello es una cosa; nunca desconfiar de la fachada es otra. Dios te dio discernimiento para evitar el engaño de la belleza vacía. Muchas veces, detrás de una celebridad o de un modelo famoso hay un corazón vacío, muerto de miedo o de envejecer. Las grandes estrellas resplandecen mucho más en los anuncios de revista que en la vida real.

Por eso, no te dejes llevar por la obsesión de los vitrineros. Tampoco seas de esos que gastan lo que no tienen para comprar lo que no necesitan y mostrar lo que no son.

Cierto día, Jesús vio una higuera con hojas encantadoras, pero sin ningún fruto. Ese «árbol de fachada» se secó tan pronto como él pasó por allí, porque Dios no admira el disfraz de aparentar más de lo que realmente eres.

Debes tener cuidado con esta vida vacía de espejismos engañosos. No te intimides frente a quienes hablan mucho y hacen muy poco. No te menosprecies por ser «menos bonito» que los «bonitos de fachada». Sé feliz con lo que Dios te dio y protege tus ojos de esta ilusión.

La vida real no es un juego, mucho menos un juego de azar.

Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca

Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez

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