«Dios hizo perfecto al género humano, pero este se ha buscado demasiadas complicaciones». Eclesiastés 7: 29, NVI
EI libro de Génesis contiene un relato bien definido de la vida social e individual, y sin embargo no hay registro alguno de que un niño naciera ciego, sordo, lisiado, deformado o retrasado. No muestra un solo caso de una muerte natural en la infancia, niñez o temprana adultez. No se informa nada de hombres y mujeres que murieran de enfermedades. Las notas necrológicas en el libro de Génesis rezan así: «Así que Adán vivió novecientos treinta años, y murió» (Gén. 5: 5). «Así, todos los días de Set fueron novecientos doce años, y murió» (Gén. 5: 8). […]
Dios dotó al ser humano con una fuerza vital tan grande que este ha resistido la acumulación de la enfermedad que recayó sobre la raza humana como consecuencia de hábitos pervertidos y ha continuado viviendo durante seis mil años. Este hecho en sí es suficiente para evidenciarnos la fuerza y energía eléctrica que Dios les dio a los seres humanos en su creación […]
Si Adán, en su creación, no hubiera sido dotado con una fuerza vital veinte veces mayor que la que tienen los humanos actualmente, la raza humana, con sus hábitos actuales de vida en violación de la ley natural, se habría extinguido. […]
Dios no creó a la humanidad en su actual condición débil. Este estado de cosas no es la obra de la Providencia, sino la obra humana; lo han causado los hábitos erróneos y tos abusos, por la violación de las leyes que Dios ha hecho para gobernar la existencia de los seres humanos.— Testimonios para la iglesia, t. 3 pp. 151-155
Dios creó al ser humano para su propia gloria, para que después de la prueba, la familia humana pudiera ser una con la familia celestial. Era el propósito de Dios repoblar el cielo con la familia humana, si se mostraban obedientes a su Palabra.— Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1096.
A Eva le pareció de poca importancia desobedecer a Dios al probar el fruto del árbol prohibido y al tentar a su esposo a que pecara también; pero su pecado inició la inundación del dolor sobre el mundo. ¿Quién puede saber, en el momento de la tentación, las terribles consecuencias de un solo paso errado?— Patriarcas y profetas, cap. 3, p. 40.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: Ismael Sánchez y Silvia García
