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Matinal Para Adultos 2018

Una cita diaria con Dios

«Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones»». Éxodo 16: 4, NVI

MIENTRAS LOS ISRAELITAS CAMINABAN por el desierto, Dios les enviaba el maná muy temprano en la mañana para que se alimentaran, y no podían guardarlo para el día siguiente. Este es un hecho interesante. La Biblia relata que aquellos que guardaron para el otro día, se encontraron con que el alimento se había dañado. Mediante esta historia, Dios desea enseñarnos algo: así como el maná no se podía guardar para otro día, a menos que fuera viernes, también el alimento de la Palabra de Dios tiene que ser diario, porque él nos espera cada día para encontrarse con nosotros. El alimento espiritual no es acumulable. De nada se aprovecha si nos alimentamos de vez en cuando y pasamos días enteros sin haber tenido un encuentro con el Creador.

El pan que desciende del cielo está servido en la mesa todos los días para que nos alimentemos adecuadamente. En su ejemplo de oración, Jesús dijo: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6: 11). Se necesita diligencia para obtener ese pan, pues hay que recogerlo laboriosamente. Cada día, durante cuarenta años, el pueblo de Israel fue alimentado diariamente. De la misma manera, las bendiciones de Dios se renuevan cada mañana.

Pero no solamente podríamos hacer una aplicación espiritual, sino también material. Este episodio nos muestra además que la misma sabiduría, el mismo poder y la misma bondad que en aquella ocasión hicieron descender del cielo el maná, están presentes en el constante curso de la naturaleza, para producir el alimento de la tierra.

«Llena tu corazón con las palabras de Dios. Son el agua viva que apaga la sed del alma. Son el pan vivo que descendió del cielo. Jesús declara: «Si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida» (Juan 6: 53, NVI). Y al explicarse, dice: «Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida» (vers. 63, NVI). Nuestro cuerpo subsiste por los alimentos que ingerimos y, al igual que en la vida física, sucede en la espiritual: lo que se elabora en nuestra mente es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual» (El camino a Cristo, cap. 10, p. 130).

Jesús es nuestro pan del cielo y si nos alimentamos a diario, nuestro amor se fortalecerá.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

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