Y ciertamente, aun vivo estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a Él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.
Filipenses 3:8.
Los antiguos griegos ilustraron en su mitología, tal vez sin darse cuenta, la manera maravillosa como los cristianos pueden ser victoriosos sobre el pecado. La mitología griega decía que las sirenas atraían a los marineros con sus canciones, y que cuando éstos se acercaban a la playa para oír mejor la seductora música, el barco golpeaba contra las rocas y morían. Muchos trataron de pasar por ese lugar encantado apelando a incontables recursos. Unos se tapaban los oídos con cera para no oír la música de las sirenas; otros se amarraban a un palo mayor para no dirigir el barco hacia la playa. Pero hubo un marinero que llevó a bordo a Orfeo, un músico divino, que cantó y tocó el arpa tan maravillosamente que las voces seductoras de las sirenas fueron separadas por una canción más hermosa.
Hay tres maneras de resistir la tentación. La primera es «taparse los oídos con cera», enfrentar la tentación contando hasta cien, o cerrando los ojos o marcando tres minutos en el reloj. (Dicen que la tentación llega al clima de su intensidad en tres minutos y después disminuye).
La otra manera es amarrarse al palo mayor de los principios, con promesas y decisiones que casi nunca se cumplen. Cuando llega el momento de la tentación, no hay nada que nos detenga y partimos hacia la tierra de soledad y desesperación.
La única salida, el único método que realmente vale, es llevar una «canción más hermosa» a bordo. Tenemos que llevar a bordo de la vida algo tan divinamente dulce, que las notas del pecado parezcan no tener armonía ni belleza. En otras palabras, tenemos que apasionarnos por alguien tan hermoso, que el pecado, ante él, no sea más que basura repugnante.
En la vida de una persona que nunca fue convertida, solo existen sirenas, pero en la vida de alguien que conoció a Jesús, existe la música de los ángeles. Nosotros seguimos a Jesús, no sólo porque no queremos continuar en el pecado, sino también porque él es el único. Ante él, todo lo demás es nada. El pecado pierde su atractivo, no significa nada.
«Pastor», puede ser que pienses, «¿no está siendo un poco teórico? ¿Es posible perder en esta vida el gusto por el pecado?» Bueno, quiero que sepas que Jesús vino justamente a eso. El no sólo vino para perdonarnos y salvarnos de las consecuencias del pecado, sino para librarnos del poder que el pecado ejerce en nosotros. Pablo dice:
«Por amor a Él lo he perdido todo y lo tengo por basura». Podemos llevar todavía la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros, pero el pecado ya no tiene dominio sobre los hijos de Dios.
Pero para que eso pueda ser una realidad en tu experiencia, tienes que hacer de Jesús el centro de tu vida cotidiana.
#MatinalFamiliar
#MeditacionesDiaria
#RadioJovenAdventista
Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
