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«Lo que Dios quiere es que ustedes lleven una vida santa, que nadie cometa inmoralidades sexuales y que cada uno sepa dominar su propio cuerpo en forma santa y respetuosa, no con pasión y malos deseos como las gentes que no conocen a Dios». (1 Tesalonicenses 4: 3-5).

Pablo se fue de Tesalónica tras haber estado allí solamente tres semanas. Cuando escribió a los tesalonicenses no lo hizo sobre teología, sino sobre los fundamentos de la religión. Una de las cosas que le pareció importante decirles es que debían controlar su cuerpo. La inmoralidad sexual es la tentación más grande a la que nos vemos sometidos. Si eres una persona normal, la tendrás cada día, a veces incluso cada hora. Nuestra cultura nos bombardea con sexo por todas partes: en la música, en el cine, en la televisión, en las revistas, incluso en la forma de vestirse de la gente. Si vives en el planeta Tierra, no puedes evadir los poderosos mensajes eróticos que recibimos cada día. Puedes luchar contra ellos, pero la corriente de la inmoralidad sexual es lo suficientemente fuerte como para arrastrarte. No tienes ninguna oportunidad de nadar contra ella a menos que te aferres de Jesús.
Jesús es la boya en el mar de la tentación a la que podemos aferrarnos para salvaguardar la vida. Así que cuando sientas que estás luchando contra una corriente imposible de vencer, «fija tus ojos en Cristo» y él te ayudará. Desempolva tu Biblia y estúdiala, canta algún himno, conversa con algún amigo sobre cosas religiosas, haz lo que sea necesario para mantener a flote tu vida espiritual.
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Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN.”
Por: Melissa & Greg Howell Seth