«Las obras que el Padre me dio para que cumpliera, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado». Juan 5: 36
LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS, que estamos viendo cumplirse aquí y ahora, son clara evidencia de que «el fin de todas las cosas se acerca» (1 Ped. 4: 7). Debiéramos pues analizar los acontecimientos con mucha seriedad, y esforzarnos en despertar nuestras aletargadas energías.
Siervos consagrados debieran salir al campo de labor y avanzar inteligentemente, preparando el camino del Rey, consiguiendo victorias en nuevos lugares. Los que sirven al Señor han de actuar con fe y confianza. Algunos de aquellos por quienes trabajen escucharán el mensaje y aceptarán la verdad. Cumplan lo que Dios ha ordenado. Su éxito será proporcional a su fe. La Escritura declara: «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor» (Sant. 1:5 -7).
Es bien extraño que, aquellos que por tantos años han tenido la luz de la verdad, no hayan llevado es a antorcha a los lugares oscuros de la tierra. El mundo entero está agitado. El Señor llama a su pueblo para que despierte. Mis hermanos y hermanas, dejen de criticar a otros; en lugar de ello, critiquen severamente sus propias palabras y motivos. No tenemos tiempo para malgastar usando los métodos del enemigo. Debemos aferrarnos a la fe con que creímos al principio y mantenemos filmes hasta el fin. La envidia, la malicia, el odio, la incredulidad, que han estado creciendo en el jardín del alma por tanto tiempo hasta transformarse en plantas vigorosas, deben ser desarraigadas y arrojadas fuera, y su lugar debe ser ocupado por el amor, la paciencia, la bondad, la solidaridad, la afabilidad, la mansedumbre.
Mientras los mundanos idolatran el dinero y colocan en él su confianza, el Señor en su providencia ha extraído de sus riquezas un tesoro precioso que ha colocado al alcance de todos. Da a su pueblo la oportunidad de llevar a sus amigos, vecinos y extraños un libro [Palabras de vida del gran Maestro] que contiene las preciosas lecciones de Cristo.
Cristo ha encargado a la iglesia un cometido sagrado, cuyo cumplimiento exige constante abnegación. Cuando se vea que los que creen en él cargan la cruz como él lo hizo, y lo siguen en el sendero de la abnegación, haciendo voluntariamente todo lo que está a su alcance para ser una bendición a aquellos por quienes Cristo murió, su testimonio hablará acerca del poder del cristianismo. Entonces, en los corazones de muchos que ahora son incrédulos, nacerá la fe en Aquel que dio su vida para salvar de la ruina eterna a un mundo culpable. — carta 43, 6 de marzo de 1903, dirigida a Lucinda Hall, amiga íntima de E. G. de White.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
